El ministro de Industria y Comercio, Marco Riquelme, destacó que la exportación de ají paraguayo a la reconocida marca Tabasco en Estados Unidos constituye un caso de éxito dentro de la estrategia de “revolución industrial” que impulsa su gestión. Según explicó, se trata de una iniciativa que demuestra cómo la industrialización en origen puede generar valor agregado, empleo y oportunidades para la agricultura familiar.
La pasta de ají producida en Paraguay será utilizada por Tabasco, considerada una de las marcas más importantes del mundo en su rubro. El principal desafío fue resolver la logística de exportación del producto fresco, altamente perecedero y difícil de transportar por largos trayectos.
La solución fue procesar el ají el mismo día de la cosecha en una planta industrial instalada junto a la cooperativa productora. De esta manera, el ají se transforma en pasta, lo que permite extender su vida útil hasta tres años y facilita su envío a mercados internacionales.
Impacto social y económico
Más allá del impacto comercial, el proyecto tiene un fuerte componente social. Según datos del Ministerio de Industria y Comercio (MIC), el cultivo no tradicional genera alrededor de 90 millones de guaraníes por hectárea para la agricultura familiar campesina. Esto significa que familias con dos o tres hectáreas pueden pasar de producir cultivos tradicionales, como mandioca, a obtener ingresos equivalentes a entre cuatro y cinco salarios mínimos mensuales.
Hasta la fecha, el programa ha permitido que unas 700 familias salgan de la pobreza gracias a esta alternativa productiva.
Origen de la iniciativa
El proyecto comenzó tras un encuentro internacional en Corea del Sur, donde representantes paraguayos establecieron contacto con brokers ecuatorianos vinculados a la cadena de suministro del ají Tabasco. A partir de allí se inició un proceso de cooperación técnica que incluyó capacitaciones para productores locales.
Estas capacitaciones se realizaron en la Cooperativa Agro Norte, en el distrito de Guayaibí, departamento de San Pedro, donde los agricultores se especializaron en la siembra y cosecha de la variedad de ají requerida por el mercado internacional.
Según el ministro Riquelme, esta experiencia demuestra que la industrialización de productos locales no solo agrega valor económico, sino que también fortalece el desarrollo rural y mejora la calidad de vida de las familias productoras.






















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