Durante la operación conjunta del sábado pasado que provocó la muerte del ayatollah Ali Khamenei, Israel utilizó un avanzado misil balístico que al ser lanzado atraviesa la atmósfera.
El proyectil utilizado fue el Blue Sparrow, un misil experimental israelí capaz de volar hasta casi dos mil kilómetros, que abandona la atmósfera terrestre antes de descender e impactar sobre el blanco. Autoridades israelíes explicaron que la característica principal del proyectil es su capacidad de alcanzar objetivos ubicados a grandes distancias con alta precisión y evadir sistemas de defensa.
El bombardeo, que contó también con la cooperación de Estados Unidos, destruyó el búnker subterráneo donde se reunía el líder supremo iraní con su equipo más cercano.
El operativo militar, denominado por Israel como «Rugido del León» -y «Furia Épica» por Estados Unidos, se llevó a cabo con una maniobra militar de alta precisión, combinando inteligencia militar, tecnología avanzada y una estrategia de engaño sostenida durante años. Los servicios secretos identificaron cuándo el líder iraní estaría en el complejo central de Teherán. Aprovecharon ese momento para lanzar el Blue Sparrow, capaz de salir de la atmósfera y regresar con capacidad destructiva. El ataque se realizó junto a una ofensiva aérea y el uso combinado de alrededor de 50 aviones y 100 bombas, acabando con la vida de Khamenei y decenas de miembros de su círculo militar.
El misil israelí fue elegido por su capacidad para evadir sistemas antiaéreos y simular la trayectoria de misiles Scud. Fragmentos del misil aparecieron en el oeste de Irak, demostrando el alcance del ataque.
El proceso se fundamentó en el acceso continuo de inteligencia israelí a los movimientos y rutinas de los guardias de Khamenei. La unidad 8200 (inteligencia de señales) y la unidad 9900 (inteligencia visual) del ejército israelí mapearon el complejo durante años, lo que permitió conocer con exactitud la disposición interna del objetivo.
El ataque provocó la muerte de Khamenei, su hija, un nieto, su nuera y su yerno. Entre los más de 40 altos dirigentes iraníes fallecidos figuran Mohammad Pakpour, quien fue comandante del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, y el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, Abdolrahim Mousavi.
El principal búnker estratégico de Teherán, una infraestructura subterránea concebida como centro de mando militar en situaciones extremas, quedó devastado. El complejo abarcaba varias calles, disponía de accesos múltiples, salas de reuniones y protección reforzada, y servía como infraestructura de emergencia para la coordinación militar. A pesar de la muerte de Khamenei, las instalaciones continuaron funcionando como centro de operaciones durante varios días. La destrucción total del búnker se produjo el martes 6 de marzo tras un nuevo ataque.
El papel de Mossad y las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) fue crucial para el éxito de la operación. Según The New York Times, la inteligencia israelí monitoreó durante años a la custodia de Khamenei y consiguió intervenir digitalmente las comunicaciones cercanas al complejo, reduciendo la capacidad de reacción iraní.























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