DE SOTO, Iowa, EE.UU. (AP) — De pie, junto a la camioneta Ford de su hijo en una gasolinera del centro de Iowa, en la carretera interestatal 80, Francisco Castillo no estaba contento.
Votó por el presidente Donald Trump en las últimas elecciones. Creía que el presidente había fortalecido la economía en su primer mandato y quería más de eso.
“Pensé que volvería a traer algunas de esas cosas de vuelta”, dijo Castillo, un obrero de 43 años. ¿Y ahora? “Dijo que iba a bajar el precio de la gasolina, pero la guerra en Irán lo está empeorando todo”.
Al parecer, un país dividido en tantos frentes encuentra un punto en común en su dolor ante el surtidor de gasolina, donde el costo de la guerra contra Irán afecta directamente el bolsillo de los estadounidenses y agrava la situación de las personas de todo el espectro político.
Para Castillo y muchas otras personas que llenaron sus tanques el lunes en gasolineras de Michigan, Pensilvania, Florida, Iowa y Carolina del Norte, fue un recordatorio de que las promesas de los políticos no van a pagar las facturas.






















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