La misión Artemis II está lista para abandonar la plataforma de lanzamiento en Florida y emprender el primer viaje humano al espacio profundo en más de medio siglo. Despega este miércoles 1 de abril desde el Centro Espacial Kennedy, en una ventana de lanzamiento que comienza a las 18:24 (hora local) y 19:24 en Paraguay.
El vuelo no busca alunizar sino validar sistemas, equipos y protocolos que serán imprescindibles para la futura instalación permanente en la Luna.
El cronograma de Artemis II se estiró por una combinación de causas: ajustes tras los datos de Artemis I, problemas técnicos del cohete SLS, dificultades en la cadena de suministro y decisiones políticas. Además, la certificación necesaria para llevar personas exige pruebas extra y márgenes de seguridad muy estrictos, lo que alargó la preparación industrial y técnica.
En órbita alta alrededor de la Tierra la tripulación comprobará manualmente navegación, soporte vital y procedimientos críticos durante unas 24 horas antes de la inyección translunar. Tras ese chequeo, Orion iniciará un viaje de cuatro días hacia la Luna, sobrevolará la cara oculta y volverá a la Tierra; no está previsto ningún alunizaje en esta misión de ensayo.
La nave alcanzará velocidades extremas en la reentrada, unos 40.000 km/h, y la cápsula deberá soportar temperaturas intensas antes de amerizar en el Pacífico. El plan contempla trayectorias de retorno seguras y varias alternativas: si algo falla, la misión puede limitarse a una órbita terrestre alta o usar una ruta de regreso libre aprovechando la gravedad lunar.
La tripulación la integran Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, que combinan experiencia y perfiles complementarios. Sobre el papel operativo, Wiseman afirmó: «Esta es la primera vez que vamos a intentarlo». También recordó: «Iremos cuando este vehículo nos diga que está listo», advirtiendo que los aplazamientos forman parte del plan.
En lo relativo a la seguridad, la NASA detalló que existen escenarios de aborto para todas las fases del vuelo y áreas preparadas como refugio frente a episodios de radiación. Como subrayó la propia tripulación. «Nuestro trabajo es simplemente hacer para lo que nos han entrenado y dejar que el entrenamiento tome el control».
Más allá del aparato tecnológico, Artemis II busca reunir datos humanos y médicos sobre la exposición al espacio profundo. «Tenemos experimentos científicos a bordo que van a observar nuestras propias células», explicó Wiseman. Si todo sale bien, la misión será un paso decisivo hacia una presencia sostenible en la Luna y, eventualmente, misiones a Marte.
























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