La creciente escasez de combustible comienza a generar tensiones en distintas regiones de Asia, agravando el impacto global del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán.
El continente asiático es uno de los más afectados por la situación en Irán, lo que ha obligado a varios países a recurrir nuevamente al carbón, pese a su alto nivel de contaminación. Sin embargo, esta crisis también deja una lección clara: la necesidad de apostar por fuentes de energía renovables propias para garantizar la seguridad energética.
Diversos gobiernos han implementado medidas excepcionales para reducir el consumo. En Sri Lanka, por ejemplo, se estableció una semana laboral de cuatro días en el sector público. Tailandia promueve el uso de ropa más ligera para disminuir el uso de aire acondicionado, mientras que en Myanmar se restringe la circulación de vehículos particulares en días alternos. Bangladesh ha adoptado cortes programados de electricidad y suspendido actividades universitarias, y en Vietnam se recomienda limitar los desplazamientos, priorizando el uso de bicicletas o transporte público.
Estas acciones reflejan la urgencia de racionar recursos energéticos cada vez más limitados desde el inicio de los bombardeos sobre Irán. Entre los países más perjudicados se encuentran aliados clave en la región. Japón, altamente dependiente de importaciones energéticas, ha liberado reservas de petróleo para contener los precios. Corea del Sur, por su parte, ya restringe el uso de vehículos oficiales y evalúa extender la medida al sector privado si el precio del barril sigue en aumento, en una situación que no se veía desde la Guerra del Golfo.
China, aunque afectada, enfrenta un escenario menos crítico gracias a su estrategia previa de diversificación energética y su avance en energías renovables. Actualmente, la mitad de los vehículos que se venden en el país son eléctricos. Además, el gobierno ha intervenido para controlar los precios del combustible y reducir el impacto en millones de conductores.
Otro factor preocupante es la inminente reducción del suministro de gas natural licuado. Asia depende en gran medida de las exportaciones de Oriente Medio, especialmente de Qatar, que suspendió su producción al inicio del conflicto. Aunque algunos envíos previos aún están llegando, se espera que en pocos días la situación se vuelva más compleja, afectando seriamente a países como Japón, Singapur, Tailandia y Pakistán.
El gas natural licuado, considerado una fuente intermedia entre el carbón y las energías renovables, ha demostrado ser vulnerable ante las tensiones geopolíticas. Tanto la guerra en Ucrania como el conflicto con Irán han alterado su suministro y elevado considerablemente los costos, evidenciando la fragilidad del sistema energético global.
Fuente: Reuters























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