Por Ana Balbuena https://www.linkedin.com/in/anaibalbuena/
En muchas organizaciones hablamos de resultados, productividad, eficiencia, rentabilidad. Pero pocas veces hablamos —con la misma seriedad— de bienestar.
Y sin embargo, no existe equipo sostenible en el tiempo si no está emocionalmente sano.
Durante años se instaló una idea peligrosa, falsa: “Si nadie se queja, el equipo está bien”.
El silencio no es salud. A veces es miedo, o resignación. Hoy las empresas que realmente miran hacia el futuro están entendiendo algo clave: medir el bienestar no es un gesto blando; es una decisión estratégica.
Medimos ventas. Medimos rotación. Medimos ausentismo.
¿Pero medimos cómo se siente la gente cuando llega a trabajar?
No alcanza con una encuesta anual de clima que nadie vuelve a mirar! Hablar de equipos saludables implica generar métricas continuas, conversaciones reales y acciones visibles.
Vamos con datos:
Los números son claros: invertir en bienestar no es un gasto; es un motor de mejora organizacional:
Productividad y rendimiento
– Equipos con bienestar activo pueden aumentar la productividad entre 20% y 25% en comparación con ambientes estresantes o desatendidos.
– Empresas con altos niveles de salud organizacional muestran un incremento de 21% en rentabilidad y desempeño general.
Salud, compromiso y permanencia
– Gente que siente que la organización cuida su bienestar está hasta tres veces más comprometida.
– El 85% de trabajadores afirma que consideraría dejar una empresa si esta no prioriza su bienestar.
Un equipo sano no se construye con fruta en la cocina ni con charlas motivacionales cada seis meses.
Se construye cuando:
• Las conversaciones difíciles se pueden tener.
• El error no es una amenaza sino una instancia de aprendizaje.
• El liderazgo no gestiona solo tareas, sino también emociones.
• Las decisiones consideran el impacto humano, no solo el financiero.
Y sobre todo, cuando existen espacios confidenciales y profesionales donde las personas puedan hablar de cómo se sienten sin temor a consecuencias.
El valor del espacio confidencial
En Paraguay todavía no es habitual que las organizaciones integren espacios formales de escucha emocional. Sin embargo, la evidencia es clara: cuando las personas tienen un lugar seguro para hablar, baja el conflicto invisible, disminuye el desgaste y aumenta el compromiso.
Un espacio confidencial no es terapia organizacional improvisada. Es una decisión estratégica de quienes lideran la organización.
Liderar también implica cuidar
La pregunta no es si debemos hablar de bienestar. La pregunta es cuánto cuesta no hacerlo.
En un mercado cada vez más competitivo y con nuevas generaciones que priorizan el equilibrio y el propósito, ignorar el clima emocional no es una opción neutra: es un riesgo estratégico.
Equipos sanos no son equipos perfectos. Son equipos donde el conflicto se gestiona, donde la palabra circula y donde el cuidado no es debilidad sino inteligencia organizacional.
Quizás el desafío no sea agregar más iniciativas, sino animarnos a abrir más conversaciones.
Porque al final, las organizaciones no son estructuras, son personas. Y las personas no rinden mejor cuando se las presiona. Rinden mejor cuando se sienten seguras.


























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