El crimen de Emma, una beba de apenas dos meses, dejó una marca imborrable en Mendoza, atroz episodio en el 2023. La brutalidad del hecho, sumada a las mentiras de su propio padre para desviar la investigación, lo convirtieron en uno de los casos más aberrantes de maltrato infantil de los últimos años en la República Argentina.
La pequeña ingresó en estado crítico al Hospital Notti, con un cuadro que desconcertó a los profesionales: hematomas, lesiones cerebrales, signos de abuso sexual y hasta desprendimiento de córneas. Nada de eso podía explicarse como un accidente.
En las últimas horas, la Justicia cerró el expediente con una condena a prisión perpetua para el papá de Emma, Gustavo Ariel Olguín, quien finalmente confesó haber matado y abusado sexualmente de la beba.
Sin embargo, antes de admitir el crimen, el camillero intentó zafar con una serie de mentiras y hasta buscó involucrar a su pareja, una farmacéutica de 26 años, que terminó sobreseída.
Durante meses, la investigación avanzó entre sospechas, pericias y versiones cruzadas. En el centro de la escena estaba Olguín, un camillero de 29 años que, lejos de asumir su responsabilidad, intentó construir una coartada basada en excusas y acusaciones.
En su declaración indagatoria, el padre de Emma dedicó buena parte del relato a hablar de su relación de pareja. Aseguró que la farmacéutica lo celaba y lo llamaba insistentemente durante su trabajo, lo que, según él, le provocó problemas laborales y lo obligó a renunciar a una clínica. Pero la investigación demostró que fue echado tras ser filmado robando dinero de la billetera de una colega, indicó Diario Uno.
El camillero también trató de instalar la idea de que su pareja consumía drogas y que la noche del crimen «estaba exaltada, bajo sustancias, como perseguida». Sin embargo, los mensajes incorporados al expediente probaron que era Olguín quien generaba peleas por celos infundados. Él mismo reconoció que consumía cocaína, aunque intentó minimizarlo diciendo que lo hacía «solo 2 o 3 veces al mes».
Sobre las lesiones de Emma, Olguín intentó justificar el brutal cuadro diciendo que, en medio de la desesperación, le dio «un zamarrón fuerte en la cabeza» cuando la vio agonizando. Pero los médicos confirmaron que la beba sufrió el síndrome de “shaken baby”: fue zamarreada con tal violencia que tuvo hemorragias cerebrales y desprendimiento de córneas.
El ahora condenado llegó incluso a decir que su pareja «no estaba tan dolida como debía» esa noche. Pero los llamados al 911 de la madre de Emma, incorporados a la causa, la muestran desesperada pidiendo auxilio médico.
Olguín también negó la existencia de lesiones sexuales en la beba. Pero la autopsia y los informes médicos del Hospital Notti confirmaron hematomas y fisuras compatibles con abuso sexual.
Fuente: Clarín























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