Amílcar Troche, presidente del Centro Paraguayo de Ingenieros, analizó en entrevista con Radio 1000 las condiciones técnicas y los niveles de prevención de la Ruta PY02, específicamente en el tramo ubicado en la compañía Pedrozo de Ypacaraí, donde existe una pronunciada pendiente y se registra una alta frecuencia de siniestros viales, varios de ellos con consecuencias fatales. El último accidente, ocurrido el sábado 15 de agosto, dejó seis personas fallecidas.
Troche explicó que la Ruta PY02 fue construida el siglo pasado, bajo normas de diseño vial menos exigentes que las actuales. Señaló que las normas vigentes establecen una pendiente máxima del 6%, mientras que el tramo de descenso del cerro Caacupé presenta pendientes de entre 11% y 12%.
Según el ingeniero, esta condición representa una dificultad estructural de la ruta, cuya modificación implicaría costos muy elevados debido a la necesidad de realizar excavaciones en roca.
El titular del Centro Paraguayo de Ingenieros también cuestionó los controles sobre los vehículos de gran porte, debido a que en numerosos accidentes registrados en el sector se argumenta como causa una falla en el sistema de frenos de los camiones.
“¿Cómo a todos les va a fallar el freno?”, cuestionó Troche, quien consideró que esto evidencia posibles deficiencias en los controles técnicos de los vehículos. En ese sentido, planteó la necesidad de determinar si las inspecciones técnicas se realizan de manera adecuada y estricta antes de otorgar las habilitaciones correspondientes.
Troche identificó tres factores que inciden en la ocurrencia de los siniestros: el humano, el mecánico y la infraestructura vial. A su criterio, el factor humano continúa siendo el principal, aunque en Pedrozo confluyen además las dificultades propias de la pendiente y las eventuales fallas mecánicas de los vehículos.
Respecto al último accidente, señaló que el camión involucrado pasó a gran velocidad frente a la rampa de frenado de emergencia, sin utilizarla. Recordó que esta infraestructura fue instalada precisamente debido a que el tramo constituye un “punto negro” de la carretera, denominación utilizada para identificar sectores donde se registra una alta concentración de accidentes graves.
El ingeniero sostuvo que el problema de seguridad vial en Pedrozo no comenzó con la instalación del semáforo y tampoco necesariamente desaparecerá con su eventual retiro. Recordó que los accidentes en ese tramo se registraban desde mucho antes y advirtió que, mientras persistan las fallas humanas y mecánicas, los siniestros podrían continuar ocurriendo.
Troche reconoció que las condiciones de la infraestructura pueden ser modificadas, aunque advirtió que hacerlo tendría un costo muy elevado. Como alternativa, planteó la implementación de medidas paliativas, entre ellas la construcción de un carril exclusivo para vehículos pesados, con una velocidad máxima de entre 40 y 50 kilómetros por hora.
La propuesta contempla que ese carril esté delimitado mediante separadores de hormigón tipo New Jersey, de manera que los camiones permanezcan confinados en un espacio específico durante el descenso. También sugirió habilitar puntos de escape hacia la banquina o cunetas a determinados intervalos, para que los conductores puedan desviar el vehículo en caso de detectar una falla en el sistema de frenos.
Troche aclaró que se trata de propuestas prácticas que podrían ser analizadas como alternativas para reducir el riesgo en uno de los tramos más peligrosos de la Ruta PY02.






















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