El Ing. Luis Pettengill, expresidente de Cerro Porteño, en charla con Radio 1000, analizó la actualidad institucional y deportiva del club de barrio Obrero. Respaldó firmemente las medidas disciplinarias tomadas recientemente con la separación de un grupo de jugadores del plantel principal por bajos rendimientos y valoró el cambio de actitud de aquellos que optaron por comprometerse con el equipo.
Pettengill calificó la decisión dirigencial como una «señal necesaria» para erradicar los malos ejemplos dentro del vestuario.
«Resulta que lo que estaba ocurriendo en Cerro era el mal ejemplo. Yo sin jugar cobro mi sueldazo, me voy, farreo, tranquilo, estoy bien», expresó de forma tajante al referirse a actitudes displicentes que afectaban al grupo.
Incluso, dejó abierta la posibilidad de que haya más futbolistas bajo evaluación.
«Yo creo que hay otra lista de cinco. Estos otros cinco, los que crean que están entre esos cinco, deberán esforzarse al mango», opinó Pettengill.
Al referirse al caso de Juan Manuel Iturbe, quien pidió disculpas y una nueva oportunidad, el exdirigente consideró que el futbolista debe sostener su cambio de actitud y demostrar que merece seguir en el club.
«Yo le aconsejaría a Iturbe que siga entrenando fuerte, como si no estuviera separado. Tiene que convencer al cuerpo técnico y a la directiva de que pertenece a Cerro Porteño y que no va a salir de ahí», sostuvo el actual senador.
El análisis incluyó una preocupación por las alternativas ofensivas del equipo de Gustavo Costas. Según señaló, Cerro perdió variantes importantes con las salidas de Iturbe y Cecilio Domínguez, mientras que Ignacio Aliseda aparece como una de las opciones disponibles en ataque.
A eso se suma la recuperación de Sergio Araujo, aunque aclaró que sus características son diferentes, al tratarse de un jugador de creación, un «10» y no de un extremo o delantero de punta.
Para evitar que los salarios se convirtieran en un gasto improductivo, Pettengill, cuando era presidente de Cerro, explicó que utilizaba un criterio de evaluación basado en el rendimiento y la participación de cada futbolista.
«Yo tenía un sistema en el que decía: cuánto me cuesta cada puesto por la cantidad de salario que gana y los partidos que juega. ¿Cuánto me cuesta cada puesto, los minutos que juega?», relató.
La lógica, según explicó, era sencilla: identificar cuánto dinero invertía el club en cada posición y determinar si ese gasto se justificaba con el aporte deportivo.
«Hay gente que no juega nunca y eso te sale una fortuna para un puesto que no está ocupado», resumió.
Su enfoque, recordó, también se trasladaba a la contratación de jugadores y a las condiciones de salida. Durante su ciclo, los contratos contemplaban, según indicó, períodos de rescisión de dos o tres meses, una herramienta que le permitía actuar ante la falta de compromiso.
«Este es muy caro, fuera», sintetizó sobre la aplicación de ese criterio al manejo del fútbol.























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