España demostró toda su jerarquía al desactivar con un planteamiento impecable el poderío de Les Bleus, adueñándose de la posesión y anulando las transiciones rápidas de su rival desde el pitazo inicial. El equilibrio del juego se rompió a los 21 minutos de la primera mitad, cuando Lucas Digne cometió una evidente infracción dentro del área sobre el extremo Lamine Yamal, sancionada inmediatamente como penal.
El atacante Mikel Oyarzabal asumió con total determinación la responsabilidad y, con un remate cruzado y potente que venció alarquero, decretó el 1-0 transitorio que desmoronó por completo la planificación táctica de los franceses.
A partir de la apertura del marcador, Francia evidenció serias dificultades para generar su juego colectivo, mostrándose sumamente dependiente de los avances de Bradley Barcola por izquierda y sufriendo la desconexión de figuras clave como Kylian Mbappé, Ousmane Dembélé y Michael Olise. Para colmo, el esquema galo, antes del descanso, sumó la baja obligada en defensa del central William Saliba por lesión, permitiendo el ingreso de Maxence Lacroix.
La superioridad de La Roja se ratificó plenamente a los 57 minutos del segundo tiempo, cuando el lateral Pedro Porro se proyectó de gran manera al ataque, se asoció con Dani Olmo para recibir una precisa devolución y definió con soltura ante Mike Maignan para firmar el 2-0 definitivo.
Con la ventaja de dos goles, el bloque defensivo de España resistió de manera impecable los embates desesperados de Francia, que buscó descontar por intermedio de Mbappé y mediante reiterados envíos aéreos y pelotazos que resultaron estériles ante el orden de la zaga ibérica.
De esta manera, La Roja saca pasaje para disputar la segunda final de su historia el próximo domingo a las 16:00 en el Estadio MetLife de Nueva Jersey, donde buscará emular la gloria de Sudáfrica 2010 frente al ganador del cruce entre Argentina e Inglaterra.





















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