Por Ana Balbuena
Según distintos estudios de gestión del conocimiento, una organización puede perder entre el 20% y el 50% del conocimiento crítico cuando se va una persona clave.
Cada vez que alguien se va, no se lleva solo un puesto, se lleva decisiones, criterio, atajos, errores ya aprendidos. Se lleva ventaja competitiva.
A esto —aunque casi no se nombre— yo lo llamo sostenibilidad del conocimiento: a la capacidad de una organización de construir, compartir y sostener lo que sabe, más allá de las personas.
La mala noticia es que no se gestiona.
Seguimos actuando como si el conocimiento fuera reemplazable. Como si alcanzara con contratar a alguien más.
Spoiler: no alcanza!.
Porque el conocimiento no “queda”.
Se va caminando todos los días, en pequeñas dosis, cuando: — no se comparte, — no se sistematiza, — o se concentra en unos pocos “elegidos”.
Y sí, hablemos de eso:
Cuando la capacitación es un privilegio, no una estrategia, la sostenibilidad del conocimiento se rompe.
Después pasa lo de siempre, alguien clave se va y la sensación inmediata es que era imprescindible.
Y recién ahí aparecen las preguntas que llegan tarde: — “¿Quién más sabía hacer esto?” — “¿Dónde está documentado?” — “¿Por qué nadie puede resolverlo igual?”
No es un problema de personas. Es un problema de liderazgo y cultura.
Entonces, la pregunta es incómoda pero necesaria:
¿Tu organización está construyendo sostenibilidad del conocimiento… o dependiendo de héroes silenciosos que, cuando se van, dejan un agujero?


























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