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martes, julio 23, 2024
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Cuando la Patria no es una (III)

Por Gonzalo Quintana

El 20 de junio de 1992 se promulgo la actual Constitución. Entonces la patria era UNA. Casi todos los líderes políticos y militares comprendieron; posiblemente, los EEUU influyeron decisivamente entendiendo que la era de la lógica amigo/enemigo, de la confrontación virulenta, debía terminar e inaugurar la era del encuentro, de la unidad como Nación y de la competencia política democrática.

Nadie renunció al derecho de luchar por el poder, de trabajar para que su partido llegue al poder. Fue el momento en que los partidos tenía dirigentes inteligentes, comprometidos con su historia y tradición, cada uno con su ética partidaria que les permitió incorporar a una disidencia que se desarrolló en el exilio.

Todos comprendieron que los paraguayos teníamos una oportunidad para el reencuentro, para construir juntos la República, consolidar la democracia y competir por el gobierno seleccionando la mejor gente disponible.

La gran mancha fue -por intereses mezquinos y criterio equivocado- la exclusión del derecho al voto de los paraguayos residentes en el extranjero.

Esta mancha fue lavada gracias a que la dirigencia comprendió que era además de una mancha, una tremenda tontería. En el 2011 se conservaba el espíritu inicial y se modificó la Constitución en estos términos.

  “Artículo 120.- De los Electores Son electores los ciudadanos paraguayos, sin distinción, que hayan cumplido dieciocho años. Los paraguayos residentes en el extranjero son electores. Los ciudadanos son electores y elegibles, sin más restricciones que las establecidas en esta Constitución y en la ley”.

Hoy las circunstancias políticas en el país y en el mundo son parecidas a las que teníamos en tiempos previos a 1992. Sin embargo, el espíritu, la idea y la  dirigencia política es completamente distinta en todo sentido.

Yo quisiera suponer, necesito suponer, que, en algún momento, más temprano que tarde, se comprenderá, como entonces, que la patria es infinitamente más importante que una persona o un grupo de personas.

Cuando esto se comprenda podríamos construir de vuelta un liderazgo colectivo que nos lleve a un destino común, brillante.

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