La politóloga Laura Fernández juró este viernes como la segunda mujer presidenta en la historia de Costa Rica, marcando el inicio de un «Gobierno de continuidad». Fernández, de 39 años, llega al poder tras una victoria en primera vuelta impulsada por la popularidad de su predecesor, Rodrigo Chaves, quien ahora asumirá un rol inédito como «superministro» de la Presidencia y Hacienda.
El nuevo gabinete busca un acercamiento estratégico con los Estados Unidos. En una decisión poco habitual, la mandataria nombró a su segundo vicepresidente, Douglas Soto, como embajador en Washington para fortalecer vínculos con la administración de Donald Trump. Este giro diplomático se complementa con la presencia en la ceremonia de Kristi Noem, enviada del programa Escudo de las Américas, y la ratificación de acuerdos para la recepción de deportados desde el país norteamericano.
En el ámbito interno, el principal desafío de Fernández será frenar la escalada de violencia y homicidios vinculados al narcotráfico que ha golpeado la estabilidad histórica del país. Su plan de gobierno contempla medidas severas, como la suspensión de garantías en zonas críticas para facilitar el arresto de criminales, una propuesta que ha generado comparaciones con los modelos de seguridad de otros países de la región
La ceremonia contó con una nutrida presencia internacional, incluyendo al Rey Felipe VI de España, el presidente de Israel, Isaac Herzog, y mandatarios de Guatemala, Panamá y República Dominicana, además del presidente chileno José Antonio Kast. Sin embargo, se notaron ausencias de aliados regionales como Nayib Bukele y Javier Milei.





















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