La Organización Mundial de la Salud declaró este domingo la Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional (ESPII) debido a un brote de ébola provocado por la variante Bundibugyo, que afecta gravemente a la República Democrática del Congo y ya se ha extendido a Uganda.
Se trata del segundo nivel de alerta más alto contemplado por el organismo tras las enmiendas sanitarias de 2024, situándose justo por debajo de la «emergencia debida a una pandemia», una categoría que el director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus, aclaró que aún no se cumple debido a que la propagación se mantiene contenida a nivel regional.
La alarma de la comunidad científica internacional radica en que, a diferencia de la cepa Zaire, no existe ninguna vacuna aprobada ni tratamiento específico para combatir la variante Bundibugyo. El ministro de Salud de la RDC, Samuel-Roger Kamba, advirtió que esta cepa posee una tasa de letalidad sumamente elevada que oscila entre el 50 % y el 80 %.
Los últimos balances oficiales de los Centros Africanos para el Control y la Prevención de Enfermedades registran al menos 88 fallecimientos y 336 casos sospechosos de esta fiebre hemorrágica, que se transmite a través del contacto directo con fluidos corporales infectados.
La preocupación por una expansión a gran escala aumentó tras confirmarse un caso positivo en Goma, una estratégica y poblada ciudad actualmente controlada por la milicia antigubernamental M23, así como la muerte en Kampala, capital de Uganda, de un ciudadano de 59 años que viajó desde las zonas de contagio.
El foco inicial de la epidemia se concentra en la provincia aurífera de Ituri, una región fronteriza caracterizada por intensos movimientos migratorios debido a la actividad minera y donde el acceso de los equipos médicos se ve gravemente obstaculizado por la persistente violencia armada y la inseguridad.
Ante este complejo escenario, el Gobierno congoleño y los organismos multilaterales activaron sus protocolos de contingencia máxima. Los CDC África convocaron a una reunión urgente de coordinación con agencias de control de enfermedades de Estados Unidos, China y la Unión Europea para blindar las fronteras regionales, mientras que la OMS envió de manera inmediata cinco toneladas de insumos médicos para la primera línea de respuesta.
Asimismo, la organización instó a los gobiernos a involucrar a los líderes comunitarios y religiosos locales para facilitar el rastreo de contactos y derribar la desinformación en las zonas afectadas.






















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