El petróleo arrancó la semana en alza por la incertidumbre sobre el estrecho de Ormuz, una vía decisiva para el comercio energético mundial que sigue bajo tensión en medio del conflicto entre Irán y Estados Unidos. En la rueda asiática de este lunes, el Brent subió 1,44% y cerró en 84,79 dólares por barril, mientras el West Texas Intermediate avanzó 1,08% hasta 79,29 dólares. El movimiento respondió a las señales sobre posibles negociaciones impulsadas por Omán para ordenar la navegación en la zona.
La reacción del mercado volvió a mostrar la sensibilidad que genera cualquier novedad sobre Ormuz, por donde pasa una parte central del suministro global de crudo. Aunque desde Teherán hablaron de conversaciones técnicas en su tramo final, la reapertura del estrecho todavía no tiene fecha. Irán mantiene además exigencias políticas, económicas y militares que Washington no aceptó.
El canciller iraní, Abbas Araghchi, dijo que las negociaciones con Omán sobre el tránsito y la administración del paso marítimo «se acercan a su etapa final». La señal alcanzó para mover precios, pero no para despejar la duda principal: la vía sigue cerrada y su habilitación depende de reclamos más amplios, entre ellos el fin de las hostilidades, el levantamiento de sanciones, la liberación de activos congelados y una compensación por los daños de la guerra.
La postura más dura llegó desde los Guardianes de la Revolución, que el domingo ratificaron que el estrecho seguirá bloqueado hasta que Estados Unidos acepte «todas nuestras condiciones».
La fuerza iraní fue más lejos y definió que «el estrecho es ahora para nosotros un verdadero escenario de guerra», una frase que expone el nivel de confrontación en una de las rutas marítimas más vigiladas del planeta.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, relativizó esas demandas y dejó entrever que su gobierno no piensa acelerar una respuesta.
«Nos lo estamos tomando con calma», dijo en una entrevista con Axios. En la misma conversación agregó: «Solo estamos negociando a medias con ellos». También vinculó la presión sobre Teherán con la situación económica interna iraní y mencionó inflación alta y restricciones de financiamiento.
Fuente: AFP





















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