Las declaraciones del jefe de Estado iraní se produjeron un día después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, se refiriera de manera crítica a las aspiraciones de Teherán ante el mismo foro multilateral, sugiriendo la posibilidad de endurecer las medidas de presión o buscar un entendimiento definitivo. Al tomar la palabra ante el plenario, Pezeshkian confirmó que decidió alterar el borrador original de su alocución para responder de manera directa a los señalamientos de la Casa Blanca, denunciando que quienes acusan a su país de promover el terrorismo son en realidad los ejecutores de ataques contra la población civil e infraestructura clave en Oriente Medio.
El presidente de Irán exhibió fotografías de víctimas infantiles y daños materiales en establecimientos educativos y recintos deportivos de las localidades de Minab y Lamerd, atribuyendo dichos episodios a incursiones aéreas de las fuerzas estadounidenses e israelíes. Asimismo, recordó los pasados ataques que acabaron con la vida del líder supremo Alí Jameneí al inicio de las hostilidades, aseverando que las acciones operativas ejecutadas por las Fuerzas Armadas iraníes responden estrictamente al ejercicio de la legítima defensa consagrado en el derecho internacional.
Al abordar el eje de la controversia atómica, Pezeshkian enfatizó que la tecnología nuclear de carácter pacífico constituye una herramienta indispensable para el progreso médico, científico y la soberanía energética de la población iraní. El mandatario cuestionó que el acceso a dichas aplicaciones pretenda ser monopolizado por un número reducido de potencias mundiales y denunció la existencia de un doble rasero institucional, señalando que mientras sobre su país pesan severas sanciones económicas e inspecciones permanentes, otras naciones de la región poseen capacidades bélicas sin supervisión internacional.
No obstante el tono garantista expuesto por el Ejecutivo iraní en la sede internacional, los informes técnicos del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) continúan marcando discrepancias respecto a los niveles de enriquecimiento de combustible en los complejos del país. De acuerdo con las evaluaciones del estamento de fiscalización, mientras que el abastecimiento energético de plantas civiles requiere uranio enriquecido a rangos de entre el 3% y el 5%, la infraestructura iraní ha registrado acumulaciones de material con un grado de pureza cercano al 60%, un umbral que genera preocupación en la comunidad internacional por situarse próximo al nivel del 90% requerido para fines militares.
Durante la presentación de los argumentos iraníes, la representación diplomática de los Estados Unidos acreditada en el recinto optó por retirarse del salón de debates. Sin amedrentarse por la fricción institucional, Pezeshkian reafirmó el posicionamiento estratégico de Teherán en el estrecho de Ormuz —vía neurálgica para el comercio petrolero global—, advirtiendo que no permitirán que dicho paso marítimo sea empleado de manera unilateral por potencias adversarias para cercar militar o económicamente a la República Islámica.
Hacia el tramo final de su discurso, el dignatario persa dirigió un mensaje conciliador hacia la comunidad internacional, enfatizando que una estabilidad duradera en Oriente Medio requerirá de manera ineludible atender la situación humanitaria en Palestina y garantizar la justicia distributiva regional. Pezeshkian concluyó señalando que Irán mantiene la mano tendida al diálogo y a la negociación multilateral con Washington y sus aliados, pero remarcó que cualquier acercamiento efectivo dependerá de la erradicación de las amenazas militares y del cese de las imposiciones coercitivas.






















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