Por Robert Marcial González
La crisis por la puja de poder desatada al interior del Partido Colorado, motivó las más variadas teorías respaldadas, a su turno, por análisis a veces sesudos, a veces delirantes, a veces superficiales, a veces complejos, pero siempre, siempre limitados y condicionados por una realidad autóctona de corte semi feudal que convertiría a Kafka en un simple escritor costumbrista al decir del genial Carlos Fuentes.
En esa línea, advierto desde ya a mis amables, escasos y sufridos lectores que lo que sigue, es apenas un ejercicio cívico especulativo de tinte divagatorio que se suma al delirio reinante en diversos foros, introduciendo en el abordaje de la coyuntura, una variable que no escuché haya sido considerada hasta el momento: La mano del imperio…
Así las cosas, yo, en lugar de ustedes, no avanzaría más allá de este punto. Ahora bien, si cual Peña a Cartes deciden rebelarse y desoír mis recomendaciones, allá ustedes queridos amigos…
Fecha clave: 19 de febrero de 2026. Primera sesión de la llamada Junta de Paz de Washington. El Presidente Donald Trump piropea públicamente al Presidente Santiago Peña tildándolo de “guapo” y “apuesto”. Más allá del alto grado de patetismo del que, para variar, hicieron gala los protagonistas o, precisamente, debido a ello, la escena, que hubiese concitado el interés profesional del mismísimo Sigmund Freud, hasta ese momento, se redujo a una simple anécdota que motorizó el morbo mediático.
Sin embargo, el cisma desatado ocho meses después al interior del movimiento Honor Colorado luego de la dura derrota que supuso que el Partido de gobierno, presidido por Horacio Cartes, perdiera, no solo la intendencia de Asunción, sino los municipios con mayor presupuesto y mejor recaudación del país, permiten que resignifiquemos, en clave de realpolitik, el breve pero intenso idilio erótico que aquél 19 de enero de 2026, selló la complicidad y la hoja de ruta entre Trump y Peña.
En esa línea, conviene que recordemos que, por diversas razones, Estados Unidos dio el brazo a torcer luego de haber declarado significativamente corrupto al líder del movimiento Honor Colorado levantando la sanción impuesta tras un fuerte lobby político.
Recordemos también, que el líder del movimiento Honor Colorado, ante la imposibilidad de pugnar por la reelección presidencial, impuso como candidato a uno de sus -entonces- leales pese a la extracción partidaria liberal de éste. Así, gracias a la generosa billetera del líder, su delfín también accedió a la primera magistratura del país. No son muchos los afiliados liberales que llegaron a la Presidencia del Paraguay a través del Partido Colorado así que asumo que intuyen que la referencia es para el galán de marras.
En clave de realpolitik, ¿puede descartarse la injerencia de los yanquis en la crisis que hoy afecta, no tanto al movimiento Honor Colorado como a su principal referente? ¿es dable asumir que el imperio dio el brazo a torcer y resolvió quedarse en el molde tolerando la jactancia impune de uno de los señalados por el Departamento de Justicia? ¿podemos pensar que Estados Unidos permitiría que se saliera con la suya una persona a quienes ellos mismos atribuyeron nexos con estructuras que amenazan su seguridad nacional?


























Discussion about this post