El director de Medicina Legal y Ciencias Forenses del Ministerio Público, doctor Pablo Lemir, informó que la autopsia practicada al cuerpo de Josemar Escobar Piris (37) determinó que el funcionario policial falleció a causa de un único disparo de arma de fuego de alta velocidad, presumiblemente de un fusil, durante el ataque armado contra la subcomisaría de la colonia Naranjito, en el distrito de Ybyrarobaná, departamento de Canindeyú.
Escobar Piris se desempeñaba como secretario en la dependencia policial y fue una de las víctimas fatales del atentado registrado en la noche del martes.
Según explicó Lemir, el proyectil ingresó por la región lumbar, en la parte posterior del cuerpo, y recorrió una trayectoria ascendente que lesionó los pulmones y los grandes vasos sanguíneos, para finalmente salir por la región cigomática del lado izquierdo del rostro.
El médico forense indicó que la trayectoria del disparo permite inferir que la víctima probablemente intentó protegerse en el momento del ataque.
«Lo que entendemos es que estaba tratando de cubrirse, con el torso inclinado hacia adelante, casi en cuclillas, cuando recibió el impacto por la espalda», explicó.
Lemir precisó que la lesión que ocasionó la muerte fue el grave daño provocado a los grandes vasos y al pulmón izquierdo, lo que generó un hemotórax masivo.
Durante la autopsia también fueron halladas pequeñas esquirlas en la región posterior del cuerpo, compatibles con fragmentos de munición de alta velocidad. Estas fueron extraídas y entregadas al Departamento de Criminalística para su análisis, aunque el forense aclaró que poseen escaso valor balístico.
Asimismo, señaló que no se encontraron proyectiles completos, ya que el disparo tuvo orificio de entrada y salida.
El director de Medicina Legal también confirmó que, a diferencia de los policías Herminio Ojeda y Atilio Martínez, Josemar Escobar Piris no presentaba heridas compatibles con un disparo de ejecución o un tiro de gracia, ni tampoco lesiones por quemaduras o disparos a corta distancia.
De acuerdo con la evaluación forense, todas las evidencias apuntan a que el funcionario recibió el impacto mientras intentaba resguardarse del ataque armado contra la sede policial, sin que existan indicios de que haya sido ejecutado posteriormente.






















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