La decisión del Ministerio de Asuntos Exteriores de Islandia de convocar a la sede diplomática al embajador estadounidense Billy Long se produjo tras la difusión del polémico mapa publicado en la red social Truth Social. En la gráfica en cuestión, territorios soberanos e independientes como México, Canadá e Islandia, junto con la isla de Groenlandia y diversas regiones de América Central y el Caribe, aparecían unificados bajo los colores de la bandera de los Estados Unidos y rotulados bajo la denominación continental de «Estados Unidos de América».
Durante la reunión mantenida en la capital islandesa, la ministra de Asuntos Exteriores, Þorgerður Katrín Gunnarsdóttir, transmitió de forma tajante al representante diplomático de la Casa Blanca que este tipo de insinuaciones cartográficas resultan completamente inaceptables para Reikiavik. Por su parte, la primera ministra islandesa, Kristrún Frostadóttir, señaló públicamente que el mensaje proyectado es ridículo y enfatizó que no existe ningún margen para tomar como una simple broma la vulneración de la soberanía de los Estados independientes en el actual contexto internacional.
El malestar generado en la isla europea no fue un hecho aislado, ya que la publicación de la Casa Blanca provocó inmediatas reacciones de rechazo en otros países afectados por la ilustración. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, reafirmó con firmeza la postura de su país al sostener que la nación azteca no será jamás colonia ni protectorado de ninguna potencia extranjera, mientras que autoridades de Dinamarca y Groenlandia reiteraron enérgicamente que la población local ha rechazado de forma sistemática cualquier pretensión de integración o tutela por parte de Washington.
Este cruce diplomático se suma a una serie de tensiones previas en el Atlántico Norte alimentadas por las reiteradas declaraciones de la administración estadounidense sobre la viabilidad de adquirir o extender su influencia sobre la isla de Groenlandia. La persistencia de estas retóricas provocó discusiones sobre la seguridad colectiva en los países nórdicos, reafirmando la postura de Reikiavik de exigir el respeto absoluto a los tratados bilaterales y a los principios fundamentales del derecho internacional que garantizan la autodeterminación de las naciones.























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