La expectativa tan grande derivó en lo que muchos temían. Todo se desbordó. Ni siquiera el promocionado operativo de seguridad para el superclásico pudo evitar que se produjeran graves incidentes, dentro del Estadio de los Defensores del Chaco. Involucró a los mal llamados «barras bravas» de Cerro Porteño y la Policía Nacional en la Gradería Norte. No son hinchas, son delincuentes vestidos debajo de una camiseta.
Todo fue un papelón. Una muestra cabal de lo peor del fútbol paraguayo y sudamericano: violencia, tironeos, aprietes, disputas de poder, desprolijidades, peleas…drogas, causantes de esta frustración. Un cúmulo de cosas que terminó en la suspensión del clásico Olimpia-Cerro Porteño.
Todo lo malo que podía pasar ocurrió. También hubo una reacción de los cascos azules. Hubo palos, gases lacrimógenos y varias personas que estaban en la gradería norte salieron lesionadas. Además, de un antimotín le habrían hurtado su escudo y los inadaptados exhibieron su equipo de seguridad. Fue un desmadre y es evidente que falló la seguridad que no tuvo un accionar a la altura.
Tras varios minutos de deliberación, la Asociación Paraguaya de Fútbol notó la gravedad de los hechos y tiró todo al tacho. Michael Sánchez, Director de Competiciones de la APF, confirmó la suspensión definitiva del partido. Con el Superclásico truncado y un saldo de heridos aún por confirmar, el episodio queda ahora bajo la lupa del Tribunal Disciplinario.























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