Las intensas lluvias en el Bajo Chaco han generado inundaciones que mantienen a numerosas comunidades aisladas, con viviendas bajo agua, caminos intransitables y serios riesgos sanitarios. Sin embargo, la emergencia expone también un problema estructural: la alternancia extrema entre periodos de exceso hídrico y prolongadas sequías.
El padre José Arias, director de la Pastoral Social Diocesana de Benjamín Aceval, explicó que en las últimas semanas se registraron entre 100 y 300 milímetros de lluvia en la zona, un volumen inusual para la región chaqueña, donde el suelo tiene escasa capacidad de absorción. “El agua afecta viviendas, cultivos y deja comunidades completamente aisladas”, señaló.
Las áreas más comprometidas se extienden desde las cercanías del Río Pilcomayo hasta diversas localidades del interior, incluyendo comunidades indígenas ubicadas en la franja de la ruta Pozo Colorado–Concepción. Entre ellas mencionó a Karajá Vuelta, Rodolfito —donde un puente fue arrasado—, Espinillo, Monte Alto y zonas de Bruguez, donde unas 700 familias se encuentran afectadas. Otras localidades como Espartillo permanecen incomunicadas desde hace meses debido al deterioro de los caminos.
Arias advirtió que el aislamiento agrava los riesgos de salud, debido a la falta de servicios médicos y a la dificultad para el ingreso de asistencia. Si bien la Secretaría de Emergencia Nacional ha comenzado a intervenir en algunas zonas, la ayuda resulta insuficiente frente a la magnitud del problema. También apuntó a la necesidad de una mayor acción del Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones para mejorar la infraestructura vial.
No obstante, el religioso enfatizó que la crisis no se limita a las inundaciones. “El Chaco también sufre largos periodos de sequía, que duran mucho más que las lluvias”, indicó. En ese sentido, cuestionó la falta de políticas estructurales para el manejo del agua y sostuvo que la respuesta estatal se limita, en muchos casos, a la distribución puntual del recurso.
Como alternativa, planteó la necesidad de desarrollar sistemas de captación y almacenamiento de agua de lluvia que permitan enfrentar los meses de escasez. “No es solo el Bajo Chaco, es todo el Chaco el que enfrenta el problema del agua”, afirmó.
El Bajo Chaco vuelve así a evidenciar una problemática recurrente: el impacto combinado de inundaciones y sequías en una región extensa, con limitada infraestructura y donde las comunidades quedan expuestas a condiciones extremas cada año.






















Discussion about this post