El Parlamento Europeo votó a favor de adoptar el acuerdo comercial entre la Unión Europea y los Estados Unidos, el cual fue alcanzado originalmente en Turnberry, Escocia, por el presidente norteamericano Donald Trump y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. El visto bueno legislativo definitivo contó con 440 votos a favor, 151 en contra y 50 abstenciones. Este paso formal desactiva de momento el ultimátum de Trump, quien había amenazado con imponer fuertes aranceles adicionales a los automóviles europeos si el pacto no se ratificaba antes del 4 de julio.
Los roces diplomáticos continuaron hasta la víspera, ya que el mandatario estadounidense también amenazó con castigar al vino y al champán franceses si el Elíseo no daba marcha atrás con su tasa a las grandes empresas tecnológicas de su país.
Con este dictamen, la Unión Europea queda obligada a suprimir de manera inmediata sus aranceles sobre la gran mayoría de los bienes industriales de origen estadounidense, además de otorgar acceso preferencial a productos agrícolas y pesqueros, incluyendo una prórroga libre de impuestos para el bogavante estadounidense y su variante procesada. A cambio, los exportadores del bloque europeo se comprometen a asumir de ahora en adelante un gravamen del 15% sobre las mercancías que envíen hacia el mercado norteamericano. Aunque la Comisión Europea defendió que este es el mejor pacto que se le podía arrancar a Washington, legisladores del bloque criticaron con dureza el documento por considerarlo profundamente desequilibrado. Desde la bancada de los Socialistas y Demócratas admitieron que Bruselas cedió en las negociaciones principalmente por motivos de seguridad geopolítica y para no poner en riesgo el vital respaldo de los Estados Unidos a Ucrania.
La desconfianza en la Eurocámara es alta debido al historial de Trump de utilizar la economía como herramienta de chantaje en asuntos ajenos al comercio. De hecho, los eurodiputados congelaron este proceso legislativo luego de que el presidente estadounidense los presionara exigiendo que le permitieran comprar Groenlandia, y recordaron cuando amenazó con un impuesto del 25% a los coches de la UE tras las críticas del canciller alemán, Friedrich Merz, a la guerra en Irán.
Para contrarrestar esta vulnerabilidad, el Parlamento Europeo sacrificó varias de sus demandas iniciales en mayo pero logró introducir salvaguardias defensivas clave: una «cláusula de caducidad» que dará por terminado el convenio el 31 de marzo de 2029 (cuando culmine el mandato de Trump) y un mecanismo ágil de suspensión total o parcial si las empresas locales se ven gravemente perjudicadas, si se detecta discriminación hacia operadores europeos o si la Casa Blanca lanza nuevos ataques comerciales.
El reglamento aprobado para el rubro industrial y agroalimentario tendrá vigencia formal hasta el 31 de diciembre de 2029, requiriendo que la Comisión Europea presente una evaluación de impacto detallada a mediados de ese mismo año. Como última advertencia a la administración estadounidense, el Parlamento dispuso un ultimátum específico respecto al acero y al aluminio: si los Estados Unidos no reducen a la mitad sus aranceles actuales sobre estos metales europeos para dejarlos en el techo del 15% antes del 31 de diciembre de 2026, la Unión Europea quedará legalmente facultada para suspender de forma inmediata todas las concesiones otorgadas en dichos sectores a los productos de origen norteamericano.






















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