El cardenal Cristóbal López Romero, arzobispo de Rabat y una de las figuras de gran proyección internacional dentro de la Iglesia Católica, comunicó su decisión de suspender voluntariamente toda su actividad pública y pastoral tras la apertura formal de una investigación canónica en su contra por presunta agresión sexual.
El caso tomó estado público a partir de una investigación periodística de la agencia internacional AFP, que accedió a los testimonios y denuncias de al menos cinco mujeres adultas vinculadas a la comunidad diocesana. Entre los relatos recabados figura el de una colaboradora histórica de la Iglesia que denunció abusos reiterados, así como una presentación formal ante la Nunciatura Apostólica de Marruecos donde otra denunciante detalla acercamientos físicos no consentidos, abrazos insistentes y un intento de beso. Asimismo, fuentes eclesiales indicaron que otras tres mujeres manifestaron haber sido víctimas de hechos similares, describiendo situaciones que presuntamente acontecieron en el contexto del sacramento de la confesión.
Ante la gravedad de las acusaciones y bajo la política de rigurosidad de las instancias romanas, el prelado de 74 años optó por replegarse de la escena pública para no interferir en el desarrollo de las averiguaciones. «Durante este periodo de investigación, para no obstaculizarla, voy a tomar distancia, no presidiendo ninguna celebración pública y sin intervenir en ninguna actividad pastoral», detalló el cardenal en un mensaje dirigido a los fieles de la archidiócesis, donde admitió que la situación genera preguntas legítimas y sacude a toda la comunidad.
En el plano administrativo y judicial, las derivaciones presentan distintas aristas. Mientras el comunicado de la Archidiócesis reconoce que las pesquisas analizan reportes sobre supuestos «comportamientos inapropiados hacia mujeres adultas», López Romero ha sostenido una postura de rechazo absoluto ante los cargos delictivos en sus declaraciones a los medios. El purpurado afirmó ante las agencias de prensa que ya remitió sus explicaciones a los superiores eclesiásticos y ratificó de forma tajante que jamás incurrió en actos de agresión, violencia ni acoso sexual, manifestando su total disposición para seguir cooperando con las autoridades eclesiásticas. Paralelamente, fuentes judiciales de Marruecos aclararon que, hasta el momento, no constan denuncias de carácter penal formalizadas ante la justicia ordinaria de ese país.
La noticia generó un hondo impacto debido al perfil y al estrecho vínculo de López Romero con el Paraguay. Llegó al país como misionero en 1984 y permaneció por espacio de 18 años, un tiempo en el que llegó a ocupar el cargo de provincial de los Salesianos del Paraguay (1994-2000), fue presidente de la Conferencia de Religiosos y fundó la Asociación de Comunicadores Católicos de nuestro país, además de integrar el consejo asesor del Ministerio de Educación. Su ligazón e identificación con la cultura local lo llevaron a nacionalizarse legalmente paraguayo.
Tras su designación como arzobispo en 2017 y su posterior elevación al cardenalato en 2019 por el papa Francisco, el religioso se convirtió en el paraguayo con el rango más alto en la jerarquía católica global, siendo considerado por diversos analistas especializados y medios de comunicación internacionales como un fuerte candidato «papable» en la sucesión papal anterior.





















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