El aumento del nivel del mar, impulsado principalmente por el calentamiento global, amenaza cada vez más a las zonas costeras. La erosión ya afecta a viviendas, infraestructuras y sitios históricos en distintas partes del mundo, mientras que en Europa el impacto económico podría alcanzar cifras millonarias en las próximas décadas.
En 28 países europeos, los daños económicos asociados a la erosión costera superan actualmente los 1.000 millones de euros anuales. Sin medidas de adaptación, esa cifra podría trepar hasta los 800.000 millones de euros por año antes de que termine el siglo.
Ante este escenario, un nuevo informe del Consejo de Europa advirtió que el continente debe prepararse para trasladar viviendas, comercios e infraestructuras ubicados en áreas vulnerables. El documento plantea avanzar hacia una estrategia de «retirada planificada», que consiste en abandonar progresivamente los sectores expuestos al avance del mar y trasladar sus actividades a zonas más seguras del interior.
La propuesta también contempla limitar o prohibir nuevas construcciones en lugares de alto riesgo. El objetivo es evitar que más personas y bienes queden expuestos a inundaciones y a la pérdida de terreno provocada por la erosión.
Francia ya enfrenta parte de este problema. Según estimaciones oficiales, unos 900 kilómetros de su costa continental están retrocediendo y más de 500 municipios se encuentran afectados. En Quiberville-sur-Mer, en Normandía, las autoridades destinaron 9 millones de euros para trasladar un camping municipal tierra adentro. Tras la reubicación, los ingresos del municipio aumentaron un 25%.
Venecia representa uno de los casos más complejos. La ciudad italiana, construida sobre una laguna, podría necesitar nuevas obras de protección si el nivel del mar aumenta más de medio metro. Una de las alternativas analizadas es levantar diques, con un costo estimado de hasta 4.500 millones de euros. Sin embargo, los especialistas advierten que esta infraestructura no ofrecería una protección definitiva.
Otra posibilidad sería construir un gran terraplén reforzado para cerrar la laguna. Esta obra podría proteger a Venecia frente a aumentos del nivel del mar de hasta 10 metros, aunque su inversión inicial superaría los 30.000 millones de euros.
En un escenario mucho más extremo, con una subida superior a los 4,5 metros, los expertos no descartan que sea necesario trasladar la ciudad, a sus habitantes y hasta sus monumentos históricos. Esa situación se proyecta para después del año 2300 y podría implicar un costo de hasta 100.000 millones de euros.
El informe, titulado How can we cope with coastal erosion? (Cómo podemos hacer frente a la erosión costera), también recomienda actualizar los mapas de riesgo, establecer zonas donde no se permita construir y revisar periódicamente las áreas de protección. Además, pide que cada país elabore planes de adaptación que contemplen las consecuencias económicas, legales y sociales de las distintas medidas.
Los autores sostienen que estas decisiones deben tomarse con la participación de las comunidades afectadas. La información pública, las consultas transparentes y el respaldo político serán fundamentales para proteger las fuentes de trabajo, el patrimonio histórico y a los sectores más vulnerables.
La dimensión del problema es especialmente relevante para la economía europea. Alrededor del 40% del Producto Interior Bruto (PIB) del continente se genera en sus regiones costeras, mientras que el 80% de las costas de baja elevación está expuesto a futuros procesos de erosión.
«Las costas de Europa son algunos de nuestros activos más valiosos», señaló Fanis Spanos, político griego y coautor del documento. Según explicó, estas regiones concentran grandes infraestructuras, actividades económicas y una parte importante del patrimonio natural y cultural del continente.
Spanos también advirtió que más de una cuarta parte de la costa europea ya está sufriendo erosión y que mantener asentamientos en sectores de alto riesgo puede comprometer tanto la economía local como la vida de sus habitantes.
Por su parte, Anthony Buchanan, también coautor del informe, señaló que las estrategias tradicionales de defensa, como la construcción de muros y barreras marítimas, están perdiendo viabilidad frente al ritmo de aumento del nivel del mar.
El planteo de los especialistas apunta a cambiar la forma en que Europa enfrenta la amenaza: en lugar de intentar contener el avance del agua en todos los sectores, los gobiernos deberán evaluar qué zonas pueden protegerse y cuáles tendrán que ser abandonadas de manera gradual y planificada.
Fuente: Consejo de Europa – Derechos humanos, Democracia y Estado de Derecho
























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