La esposa de uno de los pacientes diagnosticados con botulismo y actualmente internado en estado grave relató el difícil proceso que atraviesa su familia desde que su marido presentó los primeros síntomas de la enfermedad, presuntamente tras consumir alimentos contaminados en un establecimiento comercial de Asunción.
En entrevista con Radio 1000, la mujer, cuya identidad se mantiene en reserva, explicó que su esposo permanece hospitalizado desde el 7 de mayo, primero en un sanatorio privado y actualmente en el Instituto de Previsión Social (IPS), donde continúa recibiendo soporte vital.
Según relató, los síntomas comenzaron pocas horas después de ingerir alimentos adquiridos en el Agroshopping. “Él comió el martes por la noche y el miércoles por la tarde ya empezó con malestar estomacal, náuseas y mareos. Después vinieron los vómitos, la dificultad para hablar, para respirar y la visión doble”, señaló.
La mujer recordó que, al observar a su esposo, notó que tenía los ojos completamente desviados y que apenas podía expresarse. Ante el rápido deterioro de su estado de salud, fue trasladado de urgencia a un centro asistencial.
Diagnóstico complejo
La entrevistada explicó que el diagnóstico no fue inmediato debido a la rareza de la enfermedad.
“Los médicos inicialmente sospecharon de otras patologías más comunes. Se le realizaron innumerables estudios, incluso se enviaron muestras a Estados Unidos. Recién después de varias semanas comenzaron a sospechar de botulismo”, comentó.
Indicó que el primer diagnóstico apuntaba al síndrome de Miller Fisher, una variante poco frecuente del síndrome de Guillain-Barré. Sin embargo, los resultados fueron negativos y, posteriormente, los especialistas empezaron a vincular casos similares registrados en otros pacientes.
“Pasaron prácticamente tres semanas hasta que se confirmó la sospecha. Los médicos nos explicaron que muchos profesionales nunca habían visto un caso de botulismo en toda su carrera”, afirmó.
Sin tratamiento específico
La mujer señaló que actualmente no existe un tratamiento capaz de revertir los efectos de la toxina una vez que esta afecta el organismo.
“Lo único que hacen es darle soporte vital. Está conectado a un respirador porque los músculos respiratorios quedaron paralizados. Los médicos dicen que ahora el cuerpo debe recuperarse por sí solo”, manifestó.
Asimismo, mencionó que en Paraguay no se dispone de antitoxina botulínica para uso humano y que este medicamento solo puede administrarse durante una ventana muy limitada tras la exposición a la toxina.
Explicó que su esposo permanece consciente y entiende todo lo que ocurre a su alrededor, aunque no puede hablar ni moverse con normalidad.
“Él está consciente. Entiende todo. Nosotros le hablamos y responde moviendo la mano. Está atrapado en su cuerpo. Eso es el botulismo”, expresó emocionada.
Riesgo permanente
La esposa del paciente advirtió que, además de las secuelas neurológicas provocadas por la toxina, existe un riesgo constante de infecciones debido a los procedimientos invasivos a los que debe ser sometido.
“Nuestra lucha diaria es contra las infecciones. Tiene varias sondas, alimentación especial y múltiples cuidados médicos. Todo esto es consecuencia del envenenamiento por la toxina botulínica”, sostuvo.
También lamentó el impacto económico que representa una internación prolongada y señaló que su familia tuvo que recurrir a acciones judiciales para acceder a recursos que permitan afrontar los costos del tratamiento.
Investigación en curso
La mujer recordó que su esposo siempre sospechó que la enfermedad estaba relacionada con los alimentos consumidos el día anterior al inicio de los síntomas.
Según relató, la familia adquirió una empanada de cordero y otros productos en locales contiguos del Agroshopping. Aunque ella y su hijo también consumieron algunos de los alimentos, solo su esposo desarrolló el cuadro grave.
Finalmente, pidió que las autoridades profundicen las investigaciones y refuercen los controles sanitarios para evitar que hechos similares vuelvan a ocurrir.
“Espero que esto no quede en el olvido. Lo que estamos viviendo es una tragedia. Hay personas que siguen luchando por su vida y esto debe servir para que se extremen los controles sobre la manipulación y conservación de alimentos”, concluyó.





















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