En los últimos días dejó de lado la diplomacia, una virtud que lo caracterizaba. Repartió oraciones que hicieron mover el piso desde la perspectiva futbolística. En modo frontal, casi sin pausas y con el estilo de quien sabe que cada palabra pesa, Gustavo Alfaro dejó una serie de declaraciones que mezclan futuro, convicción y advertencia, sobre todo lo último. El entrenador de Paraguay se refirió a su continuidad, al vínculo con el plantel y, sobre todo, a la exigencia máxima que supone un Mundial.
«Veníamos en el vuelo para acá, yo venía sentado al lado de Robert Harrison. Veníamos hablando y él me decía: «Profe, tenemos que arreglar la continuidad», contó el técnico, dejando en claro que el tema ya está sobre la mesa dirigencial.
Y fue directo sobre su lugar en el proyecto: «La verdad, yo no creo que encuentre un lugar donde esté más cómodo que en Paraguay». Una frase que suena a respaldo mutuo, pero también a punto de partida para lo que viene.
El deté también destacó el vínculo interno: «la relación que tengo con los jugadores es extraordinaria, la aceptación en todo ese aspecto es muy buena». Sin embargo, rápidamente bajó a tierra el entusiasmo con una mirada realista del escenario que se aproxima.
«Todavía hay un escenario que no pasamos, y es probable que pase en la Copa del Mundo. Ahí quiero ver si Paraguay está preparado para un proceso», lanzó, poniendo el foco en la reacción ante la adversidad.
En ese sentido, Alfaro no esquivó la dificultad del grupo que le podría tocar: “No puedo garantizar que pasemos de fase. Puede ser que perdamos los tres partidos. No es pesimismo, es realismo”. Y explicó: «son rivales muy buenos, que van a exigirnos muchísimo y nos van a llevar a un terreno muy complicado».
Con su habitual lectura de la presión, dejó una advertencia que suena fuerte puertas adentro: «a los jugadores ya los castigaron, a los dirigentes ya los castigaron. El único que no han castigado soy yo. Entonces va a llegar el punto donde me van a atacar a mí».
Y ahí apareció su idea central, casi como mensaje de manual de proyecto: «quiero ver si Paraguay está preparado para resistir un mal Mundial o resultados negativos». Para Alfaro, el fútbol no se mide solo en triunfos inmediatos.
«El resultado es lo más importante, pero el proceso es una construcción. El camino al éxito no es una línea recta», explicó, bajando línea sobre su filosofía de trabajo.
Incluso dejó una reflexión más profunda sobre el aprendizaje en la derrota: «los pequeños fracasos parciales, que son las derrotas, cuando uno los asimila, son escuelas de madurez».























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