Por Robert Marcial González
La reciente condena a ocho años de cárcel impuesta al ex Senador y político integrante del grupo de poder que, a imagen y semejanza de aquel, dirige el Paraguay, nutre el debate público desde numerosos lugares constitutivos para la democracia. Empero, nobleza y júbilo cívico, imponen que ante todo, congratulemos públicamente a los fiscales y jueces del caso concreto por la extraordinaria labor realizada.
Los fiscales y jueces dieron la cara por un Ministerio Público y un Poder Judicial corroídos por la corrupción y, como regla general, sometidos al poder de turno. Los jueces y fiscales, verdaderamente, hicieron gala del coraje republicano, el compromiso con la judicatura y toda la honestidad moral de los que carecen la mayoría de los integrantes de la Corte Suprema de Justicia. Desde la dimensión jurídica del tema, resulta claro que la ciudadanía puede cantar victoria: un integrante del clan de rufianes que conduce el país desde un quincho, ha sido condenado por fungir de abogado sin haber pisado nunca un aula y sin que por sus manos haya pasado tan siquiera un folleto de escuela primaria.
La justicia, de hecho, no tenía alternativa ya que, salvo para el equipo político del que se vale cartismo cuando el quincho decide que sus congresistas pueden hablar “libremente”, la ciudadanía crítica nunca tuvo dudas de la magnitud del fraude encarnado por el pobre diablo hoy condenado que, más allá de su falta de escrúpulos y su vocación servil, simplemente fue utilizado por los sospechosos de siempre para inficionar el sistema de justicia y así someter a los jueces mediante el garrote representado por el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados.
Empero, desde el plano político, si nos atenemos a la kafkiana realidad que caracteriza a América Latina, a la dinámica propia de la realpolitik de nuestras democracias criollas y, sobre todo, a los hechos (enfatizo, hechos) corroborados en los últimos tres años aquí en Paraguay que fueron protagonizados por las cúpulas de los tres poderes del Estado, tengo mis dudas acerca de si la ciudadanía pueda cantar victoria por esta condena judicial. Veamos solamente tres cuestiones que reputo relevantes y elocuentes para graficar mi preocupación y mis inquietudes cívicas.
En primer lugar, en los hechos, el cartismo hace rato logró su cometido pues, durante los casi tres años en que defendieron a capa y espada al falso abogado que pusieron (sí, ellos lo pusieron), primero en el Senado y luego al frente del Jurado de Enjuiciamientos, ya removieron o alinearon a jueces y fiscales honestos, alteraron la composición del Congreso, violentaron la voluntad popular destituyendo irregularmente a la Senadora que, jugándose la banca y el pellejo (literalmente), se animó a evidenciar el plan articulado desde el quincho, coparon las instituciones con leales, instalaron a través del juicio un tema mediático que distrajo por varios meses la atención de la ciudadanía y los medios permitiendo que, en paralelo y fuera de los focos televisivos, avancen en sus negociados multimillonarios ligados al Estado, terminaron de someter (sin demasiado esfuerzo dicho sea de paso) a la Corte Suprema de Justicia en aquella reunión clandestina celebrada en la madrugada del 3 de diciembre de 2025 en la que seis Ministros de la máxima instancia sellaron su alianza espuria con la cúpula de poder, etc.
En segundo lugar, consumado gran parte del plan de sometimiento de la justicia y de la oposición desplegado con gran astucia durante tres años, con la condena judicial del abogado espurio, el cartismo logra, para la exportación, librarse de un lastre al que ya explotaron suficientemente. En efecto, el corrupto analfabeto hoy condenado que estafó a la ciudadanía y al Estado, no solo dejó de servirle al cartismo sino que, la entrega de su cabeza a los medios y a la ciudadanía, desde su lectura coyuntural, los libera de cargar con ese peso de cara a las elecciones municipales primero y generales después, ambas, a la vuelta de la esquina. Tan elaborada está la nueva narrativa de poder que, profesionales inveterados del engaño, algunos de los cuales llegaron a ser filmados cerrando “tratos redondos” para torcer votaciones comprando cédulas y otros, incluso, confesaron en su momento haber robado elecciones internas allá por 1993, hoy se golpean el pecho y se dan el lujo de presentarse como víctimas del engaño tramado hábilmente (según el nuevo relato del cartismo) en solitario por un pelafustán incapaz de hilar una frase o de diferenciar su pie izquierdo del derecho.
En tercer lugar, la ciudadanía no puede descartar que el cartismo haya resuelto entregar a uno de sus secuaces, como moneda de cambio para justificar la brutal persecución judicial ya instalada en contra de referentes de la oposición y del propio Partido Colorado que representan una amenaza electoral seria para la cúpula de poder. La destitución irregular de Kattya González del Senado, los procesos judiciales abiertos por orden superior contra Miguel Prieto o Rafael Filizzolla, la espada de Damocles que pende sobre las cabezas de referentes del Partido de gobierno como Arnoldo Wiens o el ex Presidente Mario Abdo Benítez, por citar solo algunos ejemplos, a partir de este momento, en función a la condena impuesta al cartista que ofrendaron en sacrificio, quedarán “justificados” discursivamente, pues, quienes nos estafaron instalando deliberadamente a un falso abogado primero en el Senado y luego en el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados, cuando llegue el momento, darán la orden para que sus adversarios electorales también sean condenados alegando que no habría nada irregular en ello ya que el cartismo, siempre respetuoso de la institucionalidad, acató el mandato de la justicia cuando uno de los chanchos de su propio chiquero se vio afectado por un proceso judicial.
En fin, las especulaciones en función a la realpolitik podrían multiplicarse, pero no quiero abusar de la paciencia de mis amables, escasos y sufridos lectores. Lógicamente, no se me escapa que algunos (o todos) puedan tildarme de diletante, delirante, fantasioso o paranoico…Razones para ello, ciertamente, sobran más allá incluso de mis cavilaciones cívicas.
Sin embargo, a quienes minimizan la dinámica política criolla, les preguntaría ¿cuál creen ustedes que fue el tema de la conversación que dos terceras parte de la Corte Suprema de Justicia (6 miembros sobre 9) mantuvo en la residencia presidencial, durante la madrugada del 3 de diciembre de 2025, con la cúpula de poder del cartismo? ¿De qué creen que hablaron en aquella reunión secreta, clandestina e irregular que vio la luz únicamente gracias a la sagacidad de un periodista? ¿Creen que se juntaron para tomar el té o jugar a la canasta? ¿Piensan de verdad que allí trataron temas que hacen al desarrollo de políticas públicas de calidad en beneficio de la ciudadanía? ¿Consideran que, entre gallos y medianoches, por fuera de la agenda oficial, sin anuncio público y de manera furtiva se juntaron para articular un plan de lucha contra la corrupción y en favor de la transparencia? ¿Creen que fue una mera casualidad que ni siquiera sus pares de la Corte hayan avisado acerca de la reunión secreta a los tres Ministros que no fueron convidados y que, oh casualidad, están siendo hoy amenazados con juicio político?
Tengo para mí, que ese día, en oscuro contubernio y de espaldas a la ciudadanía, la Corte y el cartismo, indisimuladamente a la luz de los hechos, sellaron un pacto furtivo y trazaron un plan de lesa institucionalidad de largo aliento. Por tanto, la victoria jurídica que pondrá tras las rejas al inescrupuloso cartista que se hizo pasar fraudulentamente por abogado, simplemente, forma parte de una movida política que debería ser advertida y dimensionada por quienes consideramos que, en Democracia, es saludable que el poder público sea controlado y limitado no solo por la letra de la Constitución sino por la ciudadanía activa y comprometida… Después de todo, es válido asumir que, cuando la limosna es grande, hasta el Santo desconfía…

























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