Por Robert Marcial González
En el año 1979, para describir el modelo bicéfalo de Estado autoritario y benefactor a la vez, Octavio Paz, publicó un ensayo titulado “El ogro filantrópico”. Con su afilada pluma, el premio Nobel describió así, no solo la esquizofrenia deliberada e interesada de la clase política mexicana sino también, las contradicciones del sistema y las prioridades que motorizan a aquellas personas que, desde las cúpulas de poder o desde la marginalidad, ven al Estado tan solo como un botín de guerra.
La reivindicación que mantiene movilizados y en vigilia permanente a los médicos que claman, legítimamente, por dignidad laboral y profesional y por mejora en infraestructura y provisión de insumos, en beneficio no solo del colectivo al cual pertenecen sino de toda la comunidad, entre otras muchas aproximaciones, admite, al menos, que el debate público profundice una interrogante que guarda relación directa con gran parte de los problemas sociales que nos afectan como país ¿Cuál ha sido la línea de acción política sobre la cual las cúpulas de poder que gobernaron o gobiernan el país han orientado u orientan sus esfuerzos?
Más allá del empeño con el que las cúpulas de poder en general y el gobierno en particular pretenden “tapar el sol con un dedo”, la realidad cruda y lacerante demuestra en forma clara que el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, orientan sus esfuerzos, predominantemente, en premiar y beneficiar, no tanto a sus adeptos en general como a sus familiares, amigos y “deudos hormonales íntimos” de diversa índole, en particular.
Los clanes formados en el Poder Judicial y en la Corte Suprema de Justicia cuyos integrantes, vale recordar, se autoproclamaron vitalicios en sus cargos sentenciando en causa propia con la celeridad que le es negada una y otra vez al justiciable, los “nepo — babies” sin funciones y con salarios millonarios del Congreso, los leales enquistados en las binacionales que duplican sus siderales beneficios con supuestas “horas extras”, etc., etc., etc., exponen con crudeza que la línea de acción política de las cúpulas de poder, se orienta sobre una matriz indisimuladamente tribal o feudal y por ende, alejadísima del paradigma dado por la Democracia Constitucional.
Como es lógico, en clave republicana, la línea de acción instalada desde el poder, excluye a la ciudadanía de a pie del juego democrático y, entre otras muchas consecuencias negativas, termina afectando en forma directa la dignidad laboral y profesional de médicos, maestros, investigadores, policías, estudiantes, enfermeros, limpiadores y cualquier otra persona con vocación de servicio público quienes, de esa manera, se ven arrastrados a un sistema que sustituye el esfuerzo, el sacrificio, la responsabilidad, la formación y el compromiso, por un modelo prebendario que únicamente recompensa a familiares, mediocres, obsecuentes y leales a alguno de los clanes que tiene secuestrado el aparato estatal y a quienes les tiene sin cuidado que el país se esté cayendo a pedazos.
Precisamente, para que terminemos de medir o calibrar en función a la realidad, cuál es la línea de acción política que orienta las pulsiones vitales de las cúpulas de poder, amén de la dinámica prebendaria y cortesana instalada, podríamos preguntarnos si en el Paraguay ¿hay o no transporte público decente? ¿hay o no empleo digno? ¿hay o no estructura sanitaria aceptable? ¿hay o no seguridad en las calles? ¿hay o no niños cargando niños mendigando en cada semáforo de Asunción? ¿hay o no distribuidores de drogas frente a escuelas y colegios? ¿están o no aseadas las plazas y parques o están o no cuidadas las calles?, ¿hay o no acceso real al sistema de justicia? ¿hay o no credibilidad en las instituciones? ¿hay o no confianza en los procesos licitatorios que, desde el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial benefician indisimuladamente a los secuaces y excluyen a cualquier empresa que intente competir por fuera del esquema de reparto montado?… Sepa que mis respuestas coinciden con las suyas amable y sufrido lector…
Los indicadores macro económicos que nos presenta el gobierno como gran avance, no sirven de nada si la realidad y los índices básicos que miden el desarrollo humano, la inclusión, la sanidad, la educación o la calidad de vida de la gente, demuestran, de manera dramática, que el Paraguay (su riqueza, sus instituciones, sus espacios públicos, etc) se encuentra secuestrado por unos pocos y el país se encuentra “atado con alambres” como se decía en mi barrio. Entre paréntesis, si alguien desea profundizar en los temas relacionados a la desigualdad y la inequitativa distribución de la riqueza en el Paraguay, recomiendo relean un artículo tan lúcido como elocuente del Profesor Daniel Mendonca titulado “Un extraño desfile patrio”. Dejo el enlace a continuación: https://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/un-extrano-desfile-patrio-1364991.html
En ese marco, por mucho que las personas con buena reputación que integran el gabinete por fuera del Quincho (vale decir que integran el gabinete formal y no el real), se esmeren en excusas o discursos elaborados para negar la existencia de recursos, descalificar las reivindicaciones de los médicos o desacreditar a los manifestantes, lo cierto y lo concreto es que la ciudadanía, puede medir objetivamente que la línea de acción política seguida históricamente por las cúpulas de poder, se ha orientado y se sigue orientando, sistemáticamente, a nutrir el modelo prebendario y hegemónico funcional a los leales y los secuaces y, como inevitable consecuencia, se aleja de la praxis que reconoce en el esfuerzo genuino, el compromiso, la formación y el sacrificio denodado, las claves para que las instituciones puedan perfilarse de manera virtuosa, inclusiva, solidaria, eficiente y de cara a toda la sociedad.
Está largamente estudiado y comprobado, que el voto se funda más en emociones antes que razones. Ahora bien, ello no significa que la sociedad esté fatalmente condicionada a decidir políticamente en función a las pulsiones atávicas que nos mueven en ciertos planos. La realidad -la lacerante realidad- así como el ejemplo de dignidad que nos testimonian los médicos movilizados en beneficio de toda la sociedad, podrían servir de guías para ayudarnos a orientar nuestras decisiones y posiciones políticas sobre todo, en contextos coyunturales donde queda claro que las cúpulas de poder, al amparo de la soberbia y la impunidad con la que operan, se sienten legitimados a seguir destruyendo y dinamitando los pocos lazos comunitarios que sostienen la frágil y amenazada convivencia democrática.
Los hechos marcan de manera inequívoca, que la clase dirigente del Paraguay, supo seguir el manual que el PRI instaló en México y que Octavio Paz describió de manera magistral en el ensayo citado al inicio. Sin embargo, a diferencia de México, en el Paraguay, el “ogro” decidió despojarse de todo atisbo de filantropía que pudo haber existido alguna vez. El modelo paraguayo, fatalmente condicionado por la praxis prebendaria, cortesana y excluyente, ha reducido al Estado a un feudo donde los médicos, los maestros, los policías, los jóvenes estudiantes, los adultos mayores y cualquiera que reivindique un modelo solidario, inclusivo, digno y eficiente, no tienen cabida, sencillamente, porque lo público, lo comunitario y lo solidario, no integran la línea de acción política de las cúpulas de poder…


























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