Por Robert Marcial González
¡Misterio develado! La Corte Suprema de Justicia no logró su cometido de tapar el sol con un dedo. La operación “protejamos el legado de Bajac y de González Daher”, se filtró. El rumor que retumbaba estruendosamente en los oídos de la ciudadanía, finalmente, y a pesar de los esfuerzos deleznables desplegados por 6 Ministros de la Corte para defender la clandestinidad y la marginalidad, cobró vida y tomó estado público.
Seis integrantes de la máxima instancia jurisdiccional, admitieron, a regañadientes, que se reunieron en forma secreta, oculta, clandestina y espuria con el Sr. Horacio Cartes (Presidente del Partido Colorado), con referentes del Movimiento político oficialista “Honor Colorado” y con el Sr. Santiago Peña (Presidente de la República).
La reunión descubierta gracias a la sagacidad de la prensa, no fue oficial, no quedó registrada en la agenda pública ni del Ejecutivo ni del Judicial, no fue anunciada, no fue socializada con todos los integrantes de la Corte (2 no fueron invitados y 1, ejercitando la dignidad y honrando el cargo, se negó a asistir), no contaba con un orden del día institucional, no se realizó en un foro público ni a la luz del día, no fue convocada protocolarmente, no existió conferencia de prensa ni antes ni después para informar y rendir cuentas como se hace habitualmente cuando se trabajan temas institucionales o republicanos en el marco de una “Cumbre de poderes”. Es más, los inescrupulosos contertulios, todos ellos sin excepción, negaron y desconocieron el hecho mismo de la reunión durante casi una semana y hasta último momento.
Cinco día después, cuando no les quedó más remedio que enfrentar la abrumadora cantidad de evidencias y acorralados por la presión de la ciudadanía y los medios de comunicación, desde la Corte Suprema finalmente balbucearon una tentativa de justificación leyendo cada uno de los involucrados un escueto libreto que señalaba que “las reuniones entre poderes son legítimas” y que únicamente habían tocado temas “presupuestarios”. Ante sus pares excluidos del convite espurio, se limitaron a señalar, sin siquiera sostener la mirada, que “la premura” impidió que informaran que acudirían a la casa del Presidente para una “cumbre de poderes”.
Hasta ahí los hechos. El tema no pasaría de una mera anécdota propia de las devaluadas democracias del tercer mundo si no fuera porque los Ministros en cuestión, actuando en causa propia y realizando una interpretación forzada y extensiva, hace unos meses se auto declararon inamovibles en el cargo hasta los 75 años de edad. Ergo, no solo decidieron perpetuarse para vivir del erario público sino que ahora sabemos para qué lo hicieron, a qué apuntan y de qué lado se acuestan.
Señores Ministros de la Corte Suprema: La ciudadanía no discute la importancia de establecer espacios de diálogo institucional para que los poderes públicos conversen, se inter relacionen y coordinen acciones conjuntas para fortalecer la democracia republicana. Lo que se cuestiona es que ustedes, pudiendo obrar con trasparencia y rectitud, optaron por la opacidad y la clandestinidad.
La ciudadanía no discute que es importante que los poderes públicos exploren mecanismos dialógicos que ayuden a edificar decisiones colectivas o institucionales más robustas. Lo que se cuestiona es que ustedes dejaron de lado la institucionalidad para participar de una reunión clandestina con un sector del poder político que tiene casos pendientes de resolución en la Corte y que viene avasallando libertades públicas y garantías en todos los niveles.
La ciudadanía no discute que la Corte debe escuchar a todos los sectores. Lo que se discute es que ustedes se prestaron a una trama urdida por un sector político aceptando reunirse de manera clandestina y fuera de la sede del Poder Judicial con personas con las que pactaron que el encuentro no se publicite, que no se dé a conocer la agenda y que se dejara de lado a los integrantes de la Corte que no son afines al proyecto de poder que está en marcha.
La ciudadanía no discute que la Corte pueda estar interesada en el tratamiento de ciertos temas administrativos o financieros. Lo que se discute es que hayan comprometido fatalmente y de manera irreparable, el de por sí frágil capital institucional de la Corte así como la independencia judicial frente al poder político y económico.
En una Democracia Constitucional seria, lo acontecido no solo sería un escándalo de lesa institucionalidad sino que daría pie para que los partícipes del entuerto, si no tienen la decencia y el decoro de renunciar, sean sometidos a juicio político. El nuevo golpe asestado a la institucionalidad republicana, esta vez por 6 integrantes de la Corte Suprema, deja al borde del knockout a nuestra frágil democracia.
La preocupación al respecto (o al menos mí preocupación al respecto) sería moderada si no fuera por el hecho cierto que representa que lo ocurrido demuestra, más allá de toda duda razonable, que al menos 6 integrantes de la Corte están sometidos al poder económico y al poder político. La muestra de servilismo ejercitada durante la reunión clandestina y ratificada luego con la fallida explicación brindada una semana después del entuerto, se enmarca en una serie de acciones que el grupo de poder político dominante viene desplegando desde hace 22 meses y que apuntan, indisimuladamente, a secuestrar las instituciones, anular las voces críticas, acallar a disidentes, eliminar toda forma de debate o a evitar cualquier forma de control al poder.
Si bien las habituales cavilaciones cívicas que comparto con la ciudadanía no albergan esperanzas de que los serviles o los seres viles (decidan ustedes) al servicio del modelo autoritario que se apoderó del Paraguay modifiquen sus estándares de abyección, sí apuntan a generar pensamiento crítico y a ponerle rostro a los responsables de la anulación absoluta de los valores que sostienen a la Democracia Constitucional.
Las señales de regresión autoritaria son muchas y se están implementando incluso de manera coordinada entre una cúpula de poder económico y político y varios integrantes de la Corte Suprema. Los miembros de la Corte han decidido darle la espalda a la ciudadanía y a la institucionalidad sin advertir que sus cabezas también empezarán a rodar cuando dejen de ser los idiotas útiles que hoy ayudan a entretejer la soga con la que el proyecto autoritario instalado busca ahorcarnos a todos.
Los seres viles que hoy están en el poder, saben muy bien que todos los regímenes políticos totalitarios surgidos históricamente, lograron sus objetivos, primero, sometiendo al Poder Judicial y luego, distorsionando las reglas del juego para despojar a los ciudadanos de sus derechos y garantías. Los seres viles que hoy están en el poder, cuentan ahora con un grupo de lacayos judiciales serviles a ellos. Cerraron el círculo sin esfuerzo alguno pues 6 Ministros de la máxima instancia judicial entregaron la cabeza de la Corte Suprema en bandeja de plata (y a cambio de oro valga la obviedad).
En la principal homilía pronunciada durante la festividad de la Virgen de Caacupé el pasado lunes 8 de diciembre, al tiempo de abogar por una sociedad más inclusiva y justa, la Iglesia Católica dictaminó de manera lapidaria ante la clase política que, los hechos marcan que en el Paraguay las prácticas corruptas se mantienen y gozan de buena salud. “Todo sigue igual” afirmaron con coraje y valentía los principales referentes de la Iglesia.
El fétido encuentro clandestino que la Corte Suprema de Justicia buscó, ocultar primero y justificar después, tristemente, legitima el lapidario dictamen de la Iglesia: En el Poder Judicial, todo sigue igual. Y todo sigue igual debido a que la posta cayó en manos de personas que reproducen las mismas exactas prácticas oprobiosas instaladas por los González Daher o los Bajac por citar solo a dos verdugos del Paraguay que pulverizaron la independencia judicial convirtiendo a la Corte en un garrote funcional al poder de turno antes de ser condenados por corrupción gracias a la labor de la prensa comprometida y la presión de la sociedad civil.
¿Seres viles o simplemente serviles? La ciudadanía y la historia tienen la última palabra…


























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