Un fuerte siniestro fluvial se registró el domingo por la tarde frente a la costa central de Rosario, donde dos embarcaciones de gran porte colisionaron en el río Paraná y una barcaza terminó partida en dos producto del impacto. Afortunadamente no hubo heridos ni derrames.
El siniestro ocurrió a la altura de calle Corrientes, frente al Centro Municipal de Distrito Centro, y generó conmoción entre quienes se encontraban en la ribera observando el movimiento habitual de barcos sobre el río.
Las embarcaciones involucradas fueron el buque químico de ultramar Ginga Boat Cat, que estaba fondeado desde hace unos días, y el remolcador HB Perseus, que descendía por el canal principal con destino a San Nicolás. Los primeros informes señalan que el Ginga Bobcat estaba parado en un sector no autorizado para fondear. Según datos, este mismo buque ya había chocado a dos barcos amarrados en Zárate el pasado 27 de abril.
Según las primeras informaciones, el buque que estaba anclado realizó reiteradas advertencias sonoras con la bocina para alertar sobre la maniobra. Sin embargo, el remolcador no logró modificar su trayectoria a tiempo y el impacto se produjo en plena zona de navegación frente a la costa rosarina.
La violencia del choque provocó que una de las barcazas remolcadas se partiera en dos, dejando una impactante imagen en medio del Paraná. La situación generó aún más tensión debido a que, en el mismo momento del accidente, un tercer carguero navegaba en paralelo cerca de la margen del río frente a la ciudad.
El accidente ocurrió en uno de los sectores más transitados y visibles de la costa de Rosario, donde el paso de embarcaciones forma parte del paisaje cotidiano. Sin embargo, la magnitud de la colisión transformó la escena habitual del río en un episodio de alto impacto.
Para analizar lo ocurrido, el marino mercante y ex subsecretario de Puertos, Vías Navegables y Marina Mercante de la Argentina, Jorge Metz, explicó que el episodio «no parece para nuestra actividad algo fuera de lugar».
Metz señaló que la maniobra debe entenderse en el contexto de la navegación de grandes convoyes sobre el Paraná. «Esto no es como los autos que tienen un rozamiento y que vos frenás en pocos metros. Parar un barco que viene con arrancada tiene sus distancias para poder detener», explicó.
Según detalló, el buque que descendía por el río «venía sobrepasando un convoy” y el cálculo de frenado terminó siendo incorrecto. «Le erraron en la velocidad y se tragó un barco que estaba fondeado», resumió.
El especialista aclaró que el “Ginga Bobcat” se encontraba correctamente anclado y remarcó que el accidente ocurrió en una zona compleja del canal navegable. «El río Paraná tiene espacios que tienen limitantes en anchos y largos, y esto es lo que acontece con las obras de dragado», indicó.
Además, recordó que las dimensiones permitidas para los convoyes fueron modificándose con los años y hoy forman parte de la discusión técnica vinculada a la hidrovía y al nuevo esquema de navegación regional.

























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