El seleccionador de la Albirroja, tras la enorme e histórica clasificación a 8vos de final de la Copa del Mundo, Gustavo Alfaro volvió a dejar una conferencia para el recuerdo. Fue un desahogo luego de tantos comentarios y el entrenador argentino apeló a la emoción para explicar por qué considera que este fue el partido más importante de toda su carrera. «Lo decía Aristóteles: la esperanza es el sueño del hombre despierto, los imposibles no existen», definió al comenzar la conferencia de prensa que duró casi 50 minutos.
«Antes del partido, les dije a los jugadores que quería a 26 guerreros abrazados cantando el himno. Diego (Gómez) no iba a poder estar ahí por la suspensión, pero desde el palco también iba a estar con nosotros. Entonces les propuse que algo: ‘quiero que esos 26 guerreros que entran, se retiren de la cancha siendo leyendas’», expresó Alfaro al inicio.
«Es la victoria más grande de mi carrera como entrenador. Les agradecí a los jugadores por eso. Me quedé en la cancha porque no me alcanzaban los ojos y los sentidos para llenarme de todo el ambiente. Los jugadores dieron una demostración de amor. Es la victoria más grande de mi vida, ojalá tengamos otras», describió el deté sobre la magnitud del logro histórico obtenido con su plantel.
En la arenga en el vestuario, Alfaro reveló que «Alemania tiene cuatro estrellas y academias de formación desde hace mucho tiempo”, la victoria puso en valor «el lugar de origen» del plantel guaraní: «venimos de la tierra colorada; esa tierra que está en las franjas coloradas de nuestra camiseta. Ojalá tuviéramos las herramientas de Alemania, pero jamás reniego de nuestros orígenes. Y los jugadores representaron el lugar del que venimos».
«Podemos tener mil defectos y aciertos, pero no nos rendimos. Para mí no existe más que el hoy, vivo en el presente. A los grandes mejor agarrarlos en fase de grupos, porque cuando calientan motores pueden arrollarte. Y nosotros resistimos, por eso queremos seguir disfrutando entre todos», subrayó el estratega argentino.
Entre la alegría mayúscula y lo que tendrá por delante el equipo, que el sábado jugará con Francia o Suecia, Alfaro buscó un punto de equilibrio. «Les dije a los jugadores que podíamos vivir una tarde épica. Resistir está grabado en nuestra cédula de identidad y lo hicimos. Ahora tenemos que seguir con la misma humildad para lo que viene», manifestó el estratega.
«Quiero que Paraguay esté entre los mejores cuatro a nivel sudamericano siempre, pero para eso hay que trabajar. Tiene que haber un método y no tiene que ser una cuestión fortuita. Paraguay tuvo que esperar 16 años por esto (el Mundial), es muchísimo. ¿Quién no va a querer vivir esto más seguido?», fue el disparador con el que Alfaro invitó a los guaraníes a soñar con alegrías más frecuentes.
Sus discursos generan opiniones divididas. Hay quienes lo consideran un «vendehumo» y otros que ya conocen de memoria sus largas reflexiones. Pero, más allá de cualquier debate, los resultados hablan por sí solos.
Con Alfaro al mando, Paraguay regresó a una Copa del Mundo después de 16 años de ausencia. Bajo su conducción, la Albirroja derrotó a Argentina, Brasil y Alemania en apenas dos años, firmó el triunfo más grande de su historia y volvió a instalarse entre las selecciones que el mundo mira con respeto. Lo que comenzó como un proyecto hoy ya tiene aroma de leyenda.





















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