Hace unos años, Orlando Gill vendió las camisetas más valiosas que había en sus inicios como arquero para afrontar el tratamiento médico de su hijo. Entre ellas una muy especial. La Albirroja Sub 17. En 2023, mientras jugaba en San Lorenzo, el «Rayadito», dejó de lado recuerdos irremplazables porque la salud de su familia estaba por encima de cualquier logro deportivo.
Esa camiseta volvió a casa…y con ella, una historia que emociona a todo Paraguay. En plena pandemia, Gill tomó una de las decisiones más difíciles de su vida: vendió la casaca N°23 que había vestido con la Albirroja de formación para conseguir la plata y afrontar la salud de su hijo. Pasaron los años… hasta que apareció.
Quien la tenía era Pedro Suárez, amigo de la infancia de Orlando, de Reducto, San Lorenzo. La compró en aquel momento, pero nunca dejó de cuidarla. Pedro decidió devolverla para que vuelva a las manos de su verdadero dueño. Pedro es un amigo y entendió que hay partidos que se ganan con goles y otros con el corazón. Qué grande, Pedro. Qué historia, Orlando. El fútbol también regala estas victorias.
A Orlando Gill, el destino empezó a cambiar con su llegada a San Lorenzo de Almagro. Su arribo fue como una apuesta. Y apareció Don Miguel Ángel Russo, que en paz descanse, fue quien lo observó y lo puso en la primera del «Cuervo». Orlando aprovechó y se abrió camino desde la reserva hasta el plantel profesional. Sus grandes actuaciones lo llevaron a la selección paraguaya y terminó disputando una Copa del Mundo, ni más ni menos, respaldado siempre por su familia, el motor de cada decisión que tomó.
Frente a Alemania escribió la página más grande de su historia. Gill fue decisivo en la definición por penales y se convirtió en uno de los héroes de una victoria que quedó marcada como la más épica de Paraguay en los Mundiales. De vender sus camisetas para salvar a su hijo a hacer historia con su país…una vida que parece sacada de una película. Orlando Gill fue la portada del mundo.






















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