Los procedimientos de apertura de los paquetes sospechosos se llevaron a cabo en la Oficina de Atención Permanente del Poder Judicial, con la intervención del fiscal Edgar Sosa. Durante la revisión, las autoridades confirmaron la presencia de la sustancia ilícita camuflada en dos cargamentos procedentes de las ciudades norteamericanas de California y Miami.
En el primer envío, los intervinientes hallaron tres paquetes de marihuana ocultos dentro de juguetes infantiles. En el segundo caso, los traficantes utilizaron la estructura exterior de un cargador industrial de baterías para vehículos, cuyo interior fue completamente vaciado para alojar otros 12 paquetes de la droga. En total, la carga decomisada alcanzó los 8 kilos.
Los peritos advirtieron además sobre el riesgo añadido del cargamento incautado, ya que la droga presentaba un avanzado estado de fermentación. Este proceso generó una acumulación de gases que provocó el abultamiento de los envoltorios. Sumado al elevado porcentaje de tetrahidrocannabinol (THC) característico de estas variedades genéticas, las autoridades señalaron que la degradación del producto durante el traslado representa un peligro severo para la salud de los consumidores finales.
Estos hallazgos evidencian una marcada mutación en la logística de las organizaciones criminales en el país. Mientras que anteriormente la mayoría de las encomiendas interceptadas correspondían a cargamentos de cocaína con destino a España, los constantes controles y la caída sistemática de dichas cargas provocaron una sustitución del esquema, dando paso al intento masivo de importación de marihuana sintética o de alta calidad al mercado local.






















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