El director de Medicina Legal y Ciencias Forenses del Ministerio Público, doctor Pablo Lemir, confirmó que los suboficiales Herminio Ojeda (33) y Atilio Martínez (40) fueron ejecutados durante el ataque armado registrado contra el puesto policial de Naranjito, distrito de Ybyrarobaná en el departamento de Canindeyú.
Tras concluir las autopsias, Lemir explicó que ambos efectivos presentaban heridas de arma de fuego compatibles con disparos de ejecución, además de lesiones previas que también comprometían gravemente su estado.
En el caso de Herminio Ojeda, el médico forense detalló que la causa de muerte fue un traumatismo craneoencefálico grave provocado por un disparo efectuado con el arma introducida en la cavidad bucal. La conclusión se sustenta en el ahumamiento observado en la lengua, lo que demuestra que el disparo fue realizado con el cañón dentro de la boca.
La trayectoria del proyectil fue de abajo hacia arriba, levemente de izquierda a derecha y de adelante hacia atrás, lo que, según Lemir, corresponde inequívocamente a un disparo de ejecución.
Además, Ojeda presentaba otra herida de bala con trayectoria de atrás hacia adelante que afectó el tórax, provocándole una hemorragia pulmonar y un hemotórax izquierdo. El forense señaló que esta lesión tenía potencial mortal, pero que, de haber recibido asistencia médica inmediata, existían posibilidades de supervivencia.
Durante la autopsia fueron extraídas únicamente pequeñas esquirlas, sin valor balístico suficiente para determinar el calibre o el tipo de arma utilizada, por lo que será necesario un nuevo análisis de la escena del crimen.
Respecto a Atilio Martínez, Lemir informó que recibió dos impactos de bala. El primero ingresó a la altura de la axila derecha, con trayectoria de arriba hacia abajo, de adelante hacia atrás y de derecha a izquierda, causando lesiones en grandes vasos sanguíneos, la rotura de la aurícula derecha, un hemotórax bilateral y un hemopericardio, lesiones que provocaron finalmente su fallecimiento.
Posteriormente, según el informe forense, el policía recibió un segundo disparo en la cabeza, considerado un tiro de gracia. El proyectil ingresó por la región temporal izquierda y salió por la zona témporo-frontal derecha. Aunque el arma no estuvo apoyada directamente sobre la piel, el disparo fue realizado a corta distancia, de acuerdo con la evaluación médica.
Lemir precisó que en ambos casos no fue posible recuperar proyectiles con utilidad para pericias balísticas, debido a que los disparos produjeron únicamente fragmentos sin valor pericial suficiente.






















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