Se acabó la historia. El Wolfsburgo, aquel equipo que alguna vez sorprendió a toda Alemania levantando la Bundesliga, consumó una caída durísima: perdió con Paderborn en los playoffs y descendió tras 17 años en la élite.
La herida pega fuerte porque no se trata de cualquier club. En la temporada 2008/09, Los Lobos rompieron todos los pronósticos y se adueñaron del campeonato alemán jugando un fútbol demoledor. Arrancaron con dudas, pero desde enero fueron una máquina: aplastaron 5-1 al Bayern Munich y también dejaron en el camino al Borussia Dortmund con un contundente 3-0.
Aquel equipo tenía dinamita arriba. Grafite y Edin Dzeko formaron una de las duplas más temidas del fútbol europeo. Entre Bundesliga y Copa de Alemania, ambos cerraron la temporada con 32 goles cada uno y quedaron grabados para siempre en la historia del club.
Con los años, Wolfsburgo siguió siendo protagonista. Nunca tuvo el peso de los gigantes alemanes, pero siempre estuvo ahí, peleando copas y soñando en grande. Incluso en 2015 volvió a festejar con la conquista de la DFB Pokal, de la mano de un joven Kevin De Bruyne que empezaba a mostrar todo su talento.
Pero esta temporada fue un desastre de principio a fin. El equipo llegó golpeado hasta la recta final y apenas pudo escapar del descenso directo tras una última fecha agónica frente al St. Pauli. En el repechaje contra Paderborn dejó pasar su chance: empató 0-0 en casa y quedó obligado a jugarse todo en la revancha.
La vuelta arrancó perfecta, con ventaja rápida, pero todo se derrumbó enseguida. La expulsión de Joakim Maehle antes de los 15 minutos cambió por completo el partido. Con uno menos, Wolfsburgo no resistió y terminó cayendo 2-1.
Silencio, bronca y lágrimas. Desde agosto, uno de los campeones más inesperados que tuvo Alemania jugará en segunda división.






















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