El conflicto diplomático y sanitario tuvo su origen en mayo pasado, cuando la Comisión Europea excluyó provisionalmente a Brasil del listado de países autorizados para la exportación de origen animal. Tras otorgar un plazo de tres meses para que el Gobierno brasileño adecuara sus controles y prohibiera el uso de antimicrobianos destinados al aumento de rendimiento ganadero —los cuales están severamente restringidos en Europa por representar un riesgo para la salud pública—, Bruselas determinó que las acciones adoptadas por Brasilia resultaron insuficientes para garantizar el cumplimiento normativo en toda su cadena de producción.
El bloqueo comercial paraliza un intercambio de elevado peso económico para la región. Durante 2025, Brasil se posicionó como el segundo proveedor de carne vacuna de la Unión Europea, registrando envíos por más de 92.000 toneladas valoradas en más de 713 millones de euros, además de haber despachado más de 265.000 toneladas de productos avícolas. Fuentes comunitarias aclararon que la medida no alcanza al resto de los socios del Mercosur —Paraguay, Argentina y Uruguay—, cuyos sistemas de producción sí se ajustan a las exigencias fitosanitarias de la Unión.
Respecto a los plazos para una eventual normalización, la Comisión Europea indicó que las importaciones de aves y miel podrían reanudarse en las próximas semanas si la auditoría en curso arroja resultados favorables. No obstante, advirtieron que para el sector de la carne bovina el proceso de habilitación será considerablemente más prolongado debido a la extensión de los ciclos de producción pecuaria. Por su parte, sectores ganaderos del país sudamericano calificaron la determinación como una maniobra proteccionista orientada a resguardar a los productores europeos frente a los menores costos de la carne sudamericana.
Desde la diplomacia europea sostienen que no se trata de una barrera proteccionista, sino de la aplicación estricta de los estándares del bloque contra la resistencia antimicrobiana. A su vez, el veto busca emitir una señal de rigor hacia los parlamentos y gremios agrícolas europeos que observan con reservas los alcances del tratado birregional.


























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