Para el parlamentario Ignacio Iramain, el trasfondo de la tirantez política entre el liderazgo tradicional del cartismo y el entorno del Poder Ejecutivo se asemeja a una dinámica psicoanalítica donde el poder emergente busca desplazar a la autoridad tutelar. El senador comparó la situación con la denominada «trampa de Tucídides» en la ciencia política, señalando que el sector que acompaña al presidente Peña ha adquirido con el tiempo el volumen y la solvencia económica necesarios para competir de manera directa por la hegemonía dentro del aparato gubernamental.
En ese sentido, el legislador argumentó que el modelo de Estado paraguayo se encuentra prebendario y capturado por el Partido Colorado, lo que genera constantes conflictos de intereses en la distribución de concesiones y privilegios. «El Partido Colorado no es un partido ideológico; ellos se declaran con sincretismo político. A ellos lo que les interesa son los negocios y eso es lo que están defendiendo en este momento. El partido que pertenece a Cartes es un partido feudal, vertical, de imposiciones y donde no se acepta la disidencia», aseveró el senador durante sus declaraciones.
Un punto de especial preocupación manifestado por Iramain radica en las repercusiones de este pulso político sobre las instituciones técnicas de la República. El congresista advirtió que la disputa por el control de resortes financieros y la supuesta inclinación de órganos reguladores a favor de sectores bancarios ligados al Ejecutivo terminan debilitando la credibilidad del Banco Central del Paraguay, una entidad históricamente percibida como sólida pero que hoy queda envuelta en la sospecha de favorecer intereses particulares.
Por último, el referente opositor reconoció que las fuerzas de la disidencia observan el conflicto con cierta pasividad debido a la falta de una plataforma integrada con la solidez suficiente para incidir activamente en el proceso. Por ello, instó a la conformación urgente de una mesa política multidisciplinaria que analice el fenómeno desde perspectivas económicas, sociológicas e históricas, recordando que el país atraviesa una circularidad de procesos donde las pugnas de poder oficialistas tienden a poner en riesgo la frágil institucionalidad democrática.
























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