El exministro del Interior, Arnaldo Giuzzio, brindó declaraciones a los medios, luego de concluir una nueva jornada del juicio oral y público que afronta por supuesto cohecho pasivo agravado. El exsecretario de Estado analizó el testimonio telemático brindado horas antes por el narcotraficante Marcus Vinicius Espíndola desde su lugar de reclusión en Brasil. Para la defensa, el relato del ciudadano extranjero lejos de perjudicarlo, desarticula la principal hipótesis del Ministerio Público sobre un presunto intercambio de favores ilícitos.
Giuzzio hizo hincapié en las respuestas que el testigo brindó ante el Tribunal, destacando que el propio Espíndola relató que la iniciativa de ceder el rodado provino de su entorno familiar y no de una exigencia oficial. Según el exministro, el declarante manifestó que cuando se solicitó el alquiler, su esposa intervino para ofrecer de forma voluntaria su vehículo de uso personal y no uno registrado a nombre de sus empresas de seguridad. El encausado cuestionó la lógica de la acusación fiscal al enfatizar que el hecho de que no se haya querido cobrar por el préstamo no configura el delito que se le atribuye en el proceso.
Asimismo, el procesado refutó de forma categórica la teoría de los agentes fiscales de la Unidad de Delitos Económicos y Anticorrupción, la cual apunta a que el préstamo de la camioneta blindada en territorio brasileño constituía un beneficio a futuro para que las firmas comerciales del esquema criminal ganaran licitaciones públicas.
Giuzzio argumentó que el testigo dejó en claro ante los jueces que no existía ningún interés comercial de por medio con el Estado paraguayo. Por último, al ser abordado sobre supuestos presupuestos de servicios que constan en la carpeta fiscal, el exministro deslindó responsabilidad asegurando que esos mensajes nunca fueron dirigidos a su persona, sino al entonces viceministro de Seguridad Interna, Pablo Ríos.






















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