Brasil consiguió su boleto a los octavos de final tras superar por 2-1 a un combativo Japón en duelo correspondiente a los dieciseisavos de final, el cual se resolvió a favor de los sudamericanos en la última acción del compromiso. El desarrollo del encuentro puso a prueba el temple del seleccionado conducido tácticamente por el estratega italiano Carlo Ancelotti, que debió remar desde atrás para doblegar la resistencia de los nipones y asegurar su continuidad en la cita ecuménica.
El partido comenzó un poco complicado para la Verdeamarela. A los 29 minutos del primer tiempo, el mediocampista Kaishu Sano sorprendió a la defensa brasileña y anotó el 1-0 parcial con el que el equipo asiático se fue al descanso, sembrando la incertidumbre en el banco sudamericano. Sin embargo, la reacción de la Canarinha se materializó en el segundo tiempo a base de insistencias. A los 56 minutos, el experimentado volante Casemiro ganó el juego aéreo dentro del área y conectó un certero golpe de cabeza para establecer el 1-1, devolviendo la paridad y la calma al trámite del juego.
Cuando el empate parecía inquebrantable y los dos equipos se preparaban mentalmente para afrontar el tiempo extra, la jerarquía individual de Brasil terminó por inclinar la balanza. En el minuto 96, en la última jugada del periodo de descuento, el atacante Gabriel Martinelli apareció de manera providencial para empujar la pelota al fondo de las redes y decretar el 2-1 definitivo, desatando la euforia en Houston y decretando la eliminación del combinado de Japón del certamen mundialista.
Con este triunfo agónico, Brasil inscribe su nombre de forma oficial en la ronda de los 16 mejores del planeta. El cuerpo técnico comandado por Ancelotti centrará ahora su atención en el análisis de sus potenciales adversarios, ya que la Canarinha aguarda en la llave de octavos de final al vencedor del partido que disputarán las selecciones de Noruega y Costa de Marfil.





















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