Un día de terror se vivió el martes a la mañana en la capital del estado amazónico de Acre, en el extremo oeste de Brasil. Un estudiante de apenas 13 años invadió su propia escuela pública en Río Branco para ejecutar un tiroteo que resultó en la muerte de dos supervisoras docentes y dejó a cinco personas heridas, cuatro de ellas menores de edad.
Aprovechando su condición de alumno regular de la institución, el adolescente ingresó sin dificultades al recinto portando una pistola perteneciente a su padrastro. Una vez dentro, comenzó a disparar de forma indiscriminada contra quienes se encontraban en el lugar.
Según informó la Policía Militarizada de Acre, el agresor se entregó voluntariamente a los efectivos policiales que acudieron tras los pedidos de socorro, a pesar de que aún contaba con munición disponible para continuar con el ataque.
Este incidente no es un hecho aislado, sino parte de una preocupante recurrencia de ataques armados en centros educativos de Brasil durante los últimos años. Según el estudio ‘Ataques de violencia extrema en las escuelas de Brasil’, realizado por investigadores de la Universidad Estatal Paulista y la Universidad de Campinas, los datos son reveladores:
El incremento exponencial de estos episodios ha forzado al Gobierno a tomar medidas drásticas. Actualmente, se encuentra bajo consideración del Congreso un proyecto de ley que busca clasificar este tipo de agresiones como “crimen hediondo” (atroz), lo que permitiría elevar en casi un tercio las penas de prisión para los responsables.
El presidente Luiz Inácio Lula da Silva ha mantenido una postura firme contra la proliferación de armamento en manos civiles. En declaraciones previas tras tragedias similares en São Paulo, el mandatario enfatizó que «no puede considerarse normal que los jóvenes tengan acceso a las armas».
La ubicación de Río Branco, cercana a las fronteras con Perú y Bolivia, añade una capa de complejidad a la seguridad regional en Acre, un estado que hoy llora a sus educadoras y busca respuestas ante la creciente radicalización de menores en el entorno escolar.
Fuente: Metrópoles – Brasil






















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