El gobierno de Brasil criticó con dureza los recientes aranceles del 25% impuestos por la administración de Donald Trump a ciertas importaciones brasileñas, advirtiendo que responderá con contramedidas comerciales proporcionales. La nueva restricción arancelaria, anunciada por la Casa Blanca bajo el argumento de corregir supuestas prácticas desleales de la décima economía del mundo, entrará en vigor el próximo 22 de julio. El gravamen excluye de forma selectiva a aquellos productos que no se producen en territorio estadounidense o cuya ausencia pueda interrumpir cadenas de suministro críticas, como el café, la carne de res, las naranjas, el jugo de naranja y los componentes para la industria de aeronaves. No obstante, la Confederación Nacional de la Industria de Brasil ya advirtió que este recargo afectará gravemente las exportaciones locales y elevará los niveles de incertidumbre para las empresas de ambas naciones.
La oficina del presidente Luiz Inácio Lula da Silva emitió un comunicado oficial rechazando la legitimidad de la investigación de la Oficina del Representante de Comercio de EE. UU. (USTR), la cual se basó en la Sección 301 de su Ley de Comercio de 1974 para catalogar como «irrazonables» diversas políticas brasileñas en materia de propiedad intelectual, acceso al mercado de etanol, deforestación ilegal, leyes anticorrupción y el sistema de pagos electrónicos PIX.
Brasil argumentó que nunca se retiró de las mesas de negociación y que presentó pruebas sólidas que refutan las acusaciones norteamericanas; asimismo, defendió firmemente su sistema de pagos y las regulaciones a las redes sociales, asegurando que no cederá en proteger a las familias frente a la codicia de un puñado de «tecnooligarcas». El gobierno brasileño recordó además la contradicción de la medida señalando que Estados Unidos mantiene un superávit de 424.500 millones de dólares con Brasil en los últimos 15 años, y detallando que el 76% de las importaciones estadounidenses ingresaron libres de aranceles a Brasil en 2025, con una tasa promedio real de apenas el 3,1%.
Este nuevo choque arancelario se suma a los antecedentes de julio del año pasado, cuando la administración de Trump aplicó un arancel del 50% acusando a Brasil de prácticas desleales, en un contexto marcado por el juicio al expresidente Jair Bolsonaro por un intento de golpe de Estado. En su declaración, Lula sugirió que esta nueva ofensiva comercial está estrechamente relacionada con presiones políticas de la familia Bolsonaro.
Por su parte, el secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, acusó a Lula de priorizar su ego sobre un acuerdo de buena fe, afirmación que fue negada por el Palacio del Planalto y replicada en la arena local por el senador Flávio Bolsonaro (hijo de Jair Bolsonaro y rival directo de Lula para las elecciones de octubre), quien llamó a Lula «el Biden brasileño» y lo tachó de peligro para la nación. De este modo, la disputa arancelaria promete convertirse en uno de los ejes más álgidos e influyentes de la campaña presidencial brasileña.























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