La estabilidad en Oriente Medio sufrió un grave quiebre tras la reanudación abierta de las hostilidades militares entre las fuerzas de Estados Unidos y la República Islámica de Irán, lo que dejó sin efecto el memorando de entendimiento y el acuerdo de alto el fuego pactado entre ambas naciones hace apenas tres semanas. Durante la madrugada, las fuerzas del Comando Central del ejército estadounidense (Centcom) lanzaron una intensa oleada de ataques aéreos con municiones de precisión contra territorio iraní, alcanzando más de 80 objetivos estratégicos y provocando la muerte de nueve efectivos militares.
De acuerdo con las explicaciones emitidas por Washington previo a los ataques, la ofensiva militar se ejecutó como una represalia inmediata ante supuestas agresiones previas perpetradas por fuerzas iraníes contra tres buques comerciales que navegaban bajo las banderas de Arabia Saudí, las Islas Marshall y Liberia en aguas del estrecho de Ormuz.
La respuesta por parte de Teherán se materializó pocas horas después de los bombardeos, activando las sirenas de emergencia antiaérea en varios países de la región. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán denunció de forma oficial que los ataques norteamericanos constituyeron una violación clara del memorando firmado en junio y reivindicó la ejecución de hasta 85 ataques de represalia dirigidos contra instalaciones militares de Estados Unidos en el Golfo Pérsico.
Las fuerzas navales y aéreas iraníes emplearon misiles y drones para atacar emplazamientos clave, confirmando impactos contra la base de la Quinta Flota estadounidense asentada en Bahréin y contra la base aérea Ali Al-Salem ubicada en Kuwait. Ante este escenario, el Ministerio de Exteriores de Kuwait condenó los ataques en su territorio advirtiendo que se reserva el derecho de adoptar medidas necesarias, mientras que el Ministerio del Interior de Bahréin instó a sus ciudadanos a mantener la calma y buscar refugios.
Por su parte, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, endureció drásticamente su postura política al margen de la cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) celebrada en Ankara, donde compareció junto al secretario general de la alianza, Mark Rutte. El mandatario norteamericano dio por completamente finiquitado el diálogo y el acuerdo de alto el fuego con las autoridades de Irán, tildándolas de mentirosas, crueles y violentas, y afirmando que tratar con ellos representa una pérdida de tiempo. Trump acusó a los negociadores iraníes de aceptar términos relativos a las armas nucleares de manera privada para luego desmentirlos públicamente ante los medios de comunicación, insistiendo en que el verdadero objetivo de cualquier acercamiento debe ser la desnuclearización absoluta de dicho país.
La escalada bélica vino acompañada además de severas medidas de coacción financiera por parte de Washington, que retiró de forma inmediata las autorizaciones temporales que permitían la comercialización y operaciones con petróleo crudo, productos petroquímicos y derivados de origen iraní en el marco del régimen de sanciones económicas. Con más de 20 buques de guerra estadounidenses desplegados activamente en las aguas de Oriente Medio, Trump manifestó su insatisfacción con el comportamiento de Teherán respecto al acuerdo de paz y lanzó una advertencia directa sobre la posibilidad de ordenar nuevos bombardeos, sugiriendo incluso que la cúpula gobernante de Irán podría desaparecer si continúan las agresiones.
En sus declaraciones finales, el presidente estadounidense recordó que su país ha perdido a 200 personas durante el conflicto más reciente en la región y concluyó emitiendo un aviso explícito sobre el lanzamiento de una nueva ofensiva militar en las horas siguientes.























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