Alexander Zverev alcanzó este viernes en Wimbledon 2026 su quinta final de Grand Slam, la segunda de forma consecutiva, extendiendo un momento impecable de seguridad sobre la pista. El alemán, vigente campeón de Roland Garros, se impuso al local Arthur Fery, sensación al ser semifinalista jugando el torneo mediante una “wild card”, por 7-6(0), 6-2, 6-4 para alcanzar también el partido decisivo en Londres y remarcar un mensaje en la Centre Court: a sus 29 años, en plena madurez deportiva, tiene tiempo suficiente para buscar una colección de trofeos en los grandes escenarios del calendario.
La escalada de Zverev ha sido una demostración de hambre al más alto nivel. Hace apenas 33 días, el alemán conquistaba en Roland Garros su primera copa de Grand Slam, derribando uno de los muros mentales más grandes de su carrera. Esa adrenalina ha impulsado a un jugador dispuesto a aprovechar la inercia, capaz de convertir la esquiva hierba de Wimbledon en una alfombra para imponer sus golpes. El germano, que jamás venció más allá de la tercera ronda en Londres, es ahora un firme candidato a ocupar el trono.
Para ganarse el billete a la final, Zverev detuvo la ilusión de todo un país en la Centre Court. Al otro lado de la red se encontró un actor inesperado, protagonista de una de las historias más improbables del año. El No. 114 del mundo, lanzado al césped con una invitación del torneo, había enlazado cinco victorias de mérito creciente, convertido en el gran ídolo improvisado para Gran Bretaña. Fery llegaba al partido tras vencer, entre otros, al italiano Flavio Cobolli, vigente subcampeón de Roland Garros, o al búlgaro Grigor Dimitrov, antiguo semifinalista en Wimbledon y uno de los más respetados sobre hierba. Avales suficientes para entrar con respeto máximo al encuentro.
Fuente: ATP Tour.






















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