El presidente de la República, Santiago Peña, encabezó la Ceremonia de Conmemoración del 33.º aniversario de creación del Comando de las Fuerzas Militares y del Estado Mayor Conjunto. En su discurso oficial, Peña rindió un profundo reconocimiento al papel histórico de la institución en la transición y consolidación de la democracia paraguaya, calificando su rol como garante de la institucionalidad y del respeto a la Carta Magna. Además, reafirmó el compromiso de su administración con la modernización de las Fuerzas Armadas mediante nuevas tecnologías, equipamiento y programas de capacitación dirigidos a blindar la soberanía fronteriza y mejorar la asistencia en emergencias.
El momento cumbre del acto fue la concesión de la Orden al Mérito del Comando de las Fuerzas Militares «Gral. Div. Bernardino Caballero», en el grado de Gran Cruz —la máxima distinción institucional— al Ing. Juan Carlos Wasmosy, exmandatario. El mismo galardón fue entregado al Almirante (SR) Eduardo Dionisio Luis Aresio González Petit y al Gral. Ej. (R) Silvio Rafael Noguera Ramírez, excomandantes de las Fuerzas Militares, por sus relevantes servicios al país. Al hacer uso de la palabra, Wasmosy valoró que el reconocimiento lleve el nombre de Bernardino Caballero y afirmó que el verdadero valor de este honor trasciende lo personal, representando la confianza mutua entre las instituciones del Estado para preservar la paz y el orden constitucional.
La reivindicación histórica del primer comandante civil
El discurso de Juan Carlos Wasmosy se centró en la trascendencia de la conducción civil de las Fuerzas Armadas que se forjó durante su periodo presidencial. Recordó hitos de alta solemnidad de su gestión, como la histórica devolución de los trofeos de guerra en el Campo de Marte de La Paz el 6 de agosto de 1994, tras la contienda del Chaco con Bolivia. Sostuvo que esa delicada tarea adquirió su verdadera dimensión al ser conducida, por primera vez tras varias décadas de dictadura, bajo la comandancia en jefe efectiva de un mandatario civil democráticamente electo.
«Mi gobierno replanteó radicalmente la asimetría de esa relación en menos tiempo del que abarca un periodo constitucional, y lo hizo sin un derramamiento de gota de sangre», aseveró el exjefe de Estado, atribuyendo el éxito a la excelente colaboración de su cúpula militar de entonces, integrada por figuras como Eduardo González Petit, Silvio Rafael Noguera, Carlos Guillermo López Moreira, César Kramer y Óscar Rodríguez.
Wasmosy remarcó que estos líderes alcanzaron sus respectivas jerarquías estrictamente por méritos propios, fojas de servicio y respeto a la antigüedad, y no por amiguismo o recomendaciones políticas, algo que también hizo extensivo a la Policía Nacional de la época.
El recuerdo de la crisis de abril de 1996
Con particular emoción, el expresidente rememoró los momentos de tensión de abril de 1996, cuando la joven democracia paraguaya enfrentó una de sus pruebas más sensibles. Rindió un profundo homenaje a los oficiales generales que, en aquellas circunstancias extremas que requirieron prudencia, firmeza y serenidad, decidieron honrar su vocación democrática, hacer cumplir las leyes y respetar la autoridad del primer comandante civil del país.
Por último, Juan Carlos Wasmosy reafirmó la convicción que guio su presidencia: la fortaleza de las Fuerzas Armadas no radica en la deliberación política, sino en su riguroso profesionalismo, su disciplina, su vocación de servicio y, fundamentalmente, en su suprema subordinación al poder constitucionalmente constituido. Concluyó señalando que las naciones prosperan únicamente cuando sus instituciones se respetan de manera recíproca, actúan en el marco de sus competencias constitucionales y colocan el bien común de la patria por encima de cualquier diferencia circunstancial.
























Discussion about this post